No sirve para leer ebooks. No sirve para lectores premium de periódicos. No sirve para estudiar. No va a salvar a la industria editorial.
Aparte de eso:
Supongo que podría dar el pego como portafotos.
Book View Café, la cooperativa de autores de la que forma parte Ursula K. Le Guin, cerró esta semana un acuerdo con Smashwords para distribuir su catálogo de libros digitales.
BVC no es el único grupo que está trabajando para organizar la distribución de sus libros. Backword es un colectivo de autores autopublicados que también busca alcanzar relevancia mainstream. Uno de los aspectos interesantes es que cada miembro utiliza el canal o los canales de su elección.
Esto supone un cambio respecto al pasado, cuando los puntos de venta podían controlar en buena medida la salida que tenía el libro. Antes, si no vendías el libro X en la librería del barrio Y, no siempre podías elegir venderlo en otra librería del barrio Y. Ahora ni siquiera importa si la otra librería se encuentra en el otro lado del mundo.
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George Walkley ha compilado una tabla con las predicciones de varios blogueros destacados del mundo del libro y me ha apetecido hacer mis propios vaticinios. El año pasado ya conseguí anticiparme a Kickstarter y Book View Café.
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Cuando un libro autoeditado se convierte en el éxito de la campaña de fin de año, y Barnes & Noble augura ventas por 7 millones de dólares para 2009, es hora de archivar todas las discusiones y reconocer que la edición independiente es muy competitiva:
Publicado por primera vez hace cinco años y vendido a través de Junior Leagues, The Elf on the Shelf: A Christmas Tradition es en la actualidad el número uno en ventas de B&N.com. Carol Aebersold y su hija Chanda Bell escribieron el libro y fundaron CCA and B (Creatively Classic Activities and Books) para publicarlo en 2005 junto con a otra hija de Aebersold, Christa Pitts. El crecimiento de las ventas ha sido un 342% de media al año […]
Pitts dijo que cuando su familia escribió el libro, un agente literario intentó venderlo a alguna de las principales casas editoriales pero no tuvo suerte, de modo que decidieron autoeditar. Hasta la fecha, su familia y ella no han recibido ofertas para ser fichadas por una gran editorial.
El libro se vende por unos 20€ (al cambio) e incluye un muñeco. Al parecer la distribución siempre ha sido limitada para fomentar la competición entre las librerías, y los pedidos mínimos son de 12 ejemplares para reducir los costes de transporte. Muchas librerías independientes se están organizando para hacer pedidos conjuntos y no quedarse fuera.
No es ningún misterio por qué siguen sin recibir ofertas de ninguna editorial. ¿Quién está vendiendo de forma más competitiva? ¿Quién está haciendo mejor publicidad? ¿Quién ofrece mayores márgenes? Las únicas excepciones son cuando las cadenas como Amazon o Wal-Mart deciden, por su cuenta, usar grandesventas como loss leader, vendiéndolos por debajo del precio de coste.
Aquí va una pregunta para quienes rechazan la ausencia de filtros editoriales: cuando un libro lleva cinco años a la venta, multiplicando continuamente sus cifras, hasta entrar en ese top de diez o quince títulos que los lectores compran sin hacer un juicio de valor, ¿en serio necesitan todavía que el departamento de ventas de una casa editorial lo considere apto para el gran público?
Quizá la decision de Stephen R. Covey, de la que nos hemos enterado esta semana, de vender la versión electrónica de sus libros directamente a través de Amazon en vez de contar con su editorial de toda la vida sea una apuesta algo aventurada, pero lo que es seguro es que ya ha conseguido encender más alarmas que un submarino iraní emergiendo junto a la Estatua de la Libertad.
La verdad es que la «situación ebook», o la delicada cuestión de quién posee los derechos digitales de los libros negociados hace más de una década ―cuando «Print is dead» era algo que sólo se oía en Cazafantasmas―, ya se estaba cociendo desde hace tiempo. Hace un par de semanas lo expliqué así:
Muchas editoriales se olvidaron de negociar los derechos digitales. A menudo lo que hicieron fue un contrato de exclusividad, lo que significa que, pese a que no hay acuerdo con el autor por los derechos digitales, el autor no puede hacer nada con ellos.
Por si la cuestión no es lo bastante peliaguda, resulta que la ley de copyright de 1978 en los EEUU permite al autor recuperar todos los derechos de cualquier obra al cabo de 35 años, es decir, a partir de 2013.
Vamos que juntas a un autor veterano, a su agente y a su editor en una misma habitación para hablar de libros digitales y se respira más tensión que en el bar de Inglourious Basterds.
El caso es que el pasado viernes 11 las aguas empezaron a agitarse cuando Random House envió cierta carta a sus agentes, carta de la que el día siguiente se hizo eco Motoko Ritch en el New York Times:
Lo que proponía hace algunos días ya está siendo aplicado en algunos casos:
[…] si Greg [Stolze] colecta suficiente dinero de contribuyentes (el «umbral comprometido») libera el ebook como descarga gratuita para todo el mundo. […] Me gusta esto, porque permite a los consumidores decirle a los editores lo que quieren ―un modelo de rescate funciona muy bien como estudio de mercado―, el consumidor tiene poder, y si no lo ejercen, el editor se siente justificado en retrasar la publicación.
Greg Stolze utiliza Kickstarter, una plataforma de financiación de proyectos que todavía no tenemos en España.
Ya no soy yo quien lo dice: lo dice la web de RTVE:
Micromecenazgo, patrocinio distribuido, suscripción o como quiera uno llamarlo, este sistema es el que están usando también proyectos independientes que no dependen de intermediarios como Kickstarter. Es el caso de El cosmonauta, un proyecto de producción cinematográfica que va más allá de la mera suscripción. Para ser "productor" de la película uno sólo tiene que poner dos euros (o más si uno quiere contribuir a financiar la película cuanto antes). Si uno pone mil euros o más, se le considera "inversionista", y tendrá parte en los posibles beneficios del proyecto.
Aunque en el mundo de la música el debate ya está maduro, con revelaciones como la de Mike Shinoda (o más cerca, la de Tuco Requena) y experiencias como la de Radiohead, el mundo literario todavía anda frente a los cambios de la era digital con mirada de ciervo deslumbrado.
Sin embargo, en los últimos días varios autores se han decidido a salir del armario y romper la peculiar ley del silencio que rodea las ganancias por derechos de autor. Por ejemplo, S. L. Viehl sobre Twilight Fall:
Las ventas totales de la novela se sitúan ahora en 89.142 copias, menos retornos de 27.479, para unas ventas netas de 61.663 copias. […] probablemente llevará de seis meses a un año más para que la novela gane el resto de mi avance de 50.000$.
Así que, ¿cuánto dinero he ganado por mi best-seller en la lista del Times? Dependiendo del tipo de venta, saco 6-8% del precio de cubierta, 7,99$. Tras pagar impuestos, la comisión a mi agente, y cubrir mis gastos, el beneficio neto del libro se sitúa en 24.517,36$
Kimberly Pauley sobre Sucks to Be Me (nota: son los números para el primer mes; ved también "So, how much money do writers make anyway?" y "On Self Publishing and the sometimes uselessness of trying to be helpful…"):
Unidades totales: 12.604 Unidades retornadas: 28 Unidades netas: 12.576
Derechos obtenidos: 11.280,67$ Reserva retenida: 2.261,16$ Reserva liquidada: 25.12$
Derechos netos obtenidos: 9.044,63$ (menos 4.000,00$ del anticipo) = 5.044,63$
Saundra Mitchell sobre Shadowed Summer:
Mi adelanto fueron 15.000$ […]
Todavía no sé cuánto fue mi tirada inicial, parece que fue de 5.500-6.000; sé que mi segunda tirada fue de 1.500.[…]
He obtenido la mitad de mi adelanto hasta este punto, y el total de copias elegibles para el pago de derechos que se han vendido está listado en 3.456
Ellen Hopkins sobre Crank:
Obtuve un avance de 8.000$ […] El libro salió en octubre de 2004, y este estado de cuentas es para marzo de 2009, así que es para cuatro años y medio: las unidades netas vendidas son 460.839. Los ingresos netos son 354.379,33$.
Como véis, en estos cuatro casos los ingresos netos del autor apenas llegan a 1$ por libro. Solo S. L. Viehl llevaba agente, que suele cobrar un 10-15% del neto. Aunque la muestra es pequeña, estamos hablando de ejemplos a lo ancho de todo el espectro de ventas.
Sobre el resto del precio de estos libros… digamos que se quedó en las diversas represas, turbinas y derramas de la industria. No dudo que todos se ganan su parte, pero el retrato que se dibuja es el de un proceso ineficiente y condenado a renovarse.
Actualizado #1
J. A. Konrath comparó el pasado octubre los ingresos con su editorial y los de las mismas obras autoeditadas para Kindle.
Hyperion publica seis títulos de mi serie de Jack Daniels series. Me dieron mis cifras de ebooks. […]
Whiskey Sour a 3,96$: 550 ventas, 341$ ganados.
Bloody Mary a 7,99$: 180 ventas, 381$ ganados.
Rusty Nail a 7,99$: 153 ventas, 341$ ganados.
Dirty Martini a 6,39$: 202 ventas, 604$ ganados.
Fuzzy Navel a 7,59$: 152 ventas, 341$ ganados.
Eso son 1.237 ebooks vendidos en seis meses. Dinero total en el bolsillo de J. A.: 2.008$. […]
Ahora vamos a comparar estos con mis ventas autoeditadas en Kindle. Usaré mis cuatro novelas para comparar.
The List a 1,99$: 5.142 ventas, 3.600$ ganados.
Origin a 1,99$: 2.619 ventas, 1.833$ ganados.
Disturb a 1,99$: 1.139 ventas, 797$ ganados.
Shot of Tequila a 1,99$: 900 ventas, $630 ganados.
Eso son 9.800 ebooks vendidos en seis meses. Dinero total en el bolsillo de JA: $6.860.
Actualizado #2
Brian Freeman sobre la economía de los derechos de autor:
Empezando con un libro de tapas duras por 24,95$. […]
12,48$ para el librero (50%)
9,98$ para la editorial (50% menos la parte del autor y del agente)
2,12$ para el autor (10% del precio de venta menos el 15%)
0,38$ para el agente (15% del 10%)
Los ingresos de la editorial habría que desglosarlos en edición, publicidad, distribución, correctores, traductores, destrucción de los restos de tirada y el resto de la parafernalia que hace funcionar una empresa.
De los ingresos del autor habría que descontar los gastos durante la promoción y el seguro médico/seguridad social si es autónomo.
Echadle un ojo a la columna de Michael Geist para el Toronto Star (en inglés):
El infractor ha admitido ya a todos los efectos que debe al menos 50 millones de dólares y la reclamación completa podría exceder los 6 mil millones de dólares. […]
Las reclamaciones surgen de una establecida práctica de la industria en Canada, describida en la demanda como "explota ahora, paga después si acaso". Implica el uso de obras que son incluidas a menudo en CDs recopilatorios. Los sellos discográficos crean, graban, distribuyen y venden los CDs, pero no obtienen las licencias de copyright necesarias. […]
La lista de pendientes se retrotrae hasta finales de los 80. […] Quizá se podría caracterizar mejor como una lista de admisión de infracciones del copyright
Los demandados no son cuatro pelagatos. Estamos hablando de Warner Music Canada, Sony BMG Music Canada, EMI Music Canada, y Universal Music Canada, sellos que han presionado para que portales como The Pirate Bay cerraran y pagaran indemnizaciones millonarias por las «pérdidas» en ventas. Si el famoso anteproyecto del Ministerio de Cultura hubiese pasado tal cual, ¿les habríamos bloqueado sus webs por vender música pirata?
La noticia también se puede leer en Ars Technica.
El pasado 13 de mayo en España las agencias traían esta noticia:
Los operadores y sociedades de autor proponen crear un "superportal" de contenidos contra la piratería
MADRID, 13 May. (EUROPA PRESS) - Los operadores de telefonía e Internet y la sociedad de gestión de derechos de autor han planteado la creación de "un superportal" de contenidos digitales a precios en línea con lo que es la potencialidad de la red […]
El propósito era que el superportal estuviera listo antes de empezar a combatir la piratería por la vía de las leyes. Hoy, en medio del maremágnum del anteproyecto de ley que incluye la ocurrencia de una comisión de expertos para cerrar webs, el superportal ha vuelto a salir a colación… como algo para el futuro.
Hace poco se presentó el Portal de Música. Lo cual está bien si a) eres una discográfica; b) perteneces a Promusicae.
Pero, puestos a gastar fondos públicos, lo que tendría que estar haciendo el Ministerio es refundar los servicios de bibliotecas, hemerotecas y fimotecas, ISBN, Depósito Legal y Propiedad Intelectual en uno solo, con un portal de cara al público, en el que cualquiera con un DNI o un NIF pueda registrarse como productor, y con una pasarela de pagos que se pueda asociar a una cuenta en el banco.
Esto es un servicio tan básico como cualquiera de los mencionados por separado. Si no nos cuestionamos que la administración gestione las bibliotecas, el ISBN, el DL y la PI, no cabe cuestionarse la necesidad de prestarlos en un mismo sitio, con el simple añadido de un botón para comprar.