Secesión (o sentido común)

En el número 10 de la revista electrónica de crítica Hélice hay un artículo de Julián Díez (periodista y exdirector de las revistas Gigamesh y Artifex) sobre la secesión entre la literatura especulativa alegórica y la ciencia ficción lúdica, el cual recomiendo y cuyas opiniones coinciden con algunas de las expresadas aquí.

Julián Díez .- […] los mismos que dan esas definiciones se enfadan después cuando Philip Roth no considera como ciencia ficción La conjura contra América […]

El lector que llegue al género adulto y formado a través de la lectura de los trabajos de Dick o Ballard, pongamos por caso, se sentirá repelido por El juego de Ender y por los comentarios en foros explicando por qué es una obra maestra. De igual forma, quien disfruta de las novelas de Warhammer posiblemente verá defraudadas sus expectativas cuando la crítica «finolis» del género le empuje a leer La carretera. La convivencia forzada bajo un mismo paraguas hace perder clientes a ambas ramas.

Dicho aquí el pasado día 3:

Para abarcar todas las obras que pertenecen a esos subgéneros usamos la etiqueta «literatura especulativa». Sería un error, por ejemplo, etiquetar La conjura contra América de Philip Roth —una ucronía—, como ciencia ficción.[…]

Estas distinciones son importantes para el público. Hay amplias diferencias entre el conjunto de lectores al que se dirige cada subgénero. Una clasificación inexacta haría que un lector esperara un contenido diferente al que posee el libro y que este no llegara a su público ideal. Por eso, en caso de duda, es más seguro hablar de «literatura especulativa» que de «ciencia ficción».

Sin embargo, hay un matiz (no el más importante, ni mucho menos) en el que disiento del artículo:

b) Quienes consideran —consideramos— que la ciencia ficcion tiene el potencial para convertirse en una poderosa herramienta literaria, como método para especular en torno a nuestra sociedad.

La herramienta es la literatura especulativa, o lo que Julián Díez llama literatura prospectiva (prefiero «especulativa» porque pienso que no se trata sólo de «hallar», sino de «reflexionar»). Una vez se ajusta la definición de ciencia ficción a las obras con especulación científica, muchas de las ucronías, utopías, distopías, etcétera, que tienen ese contenido social dejan de pertenecer a la ciencia ficción y se clasifican dentro de sus propios subgéneros de la literatura especulativa. Sin embargo, todos esos subgéneros, incluyendo la especulación científica, tienen ese potencial crítico, por lo que no se trata de «dignificar la ciencia ficción», como decía Rafael Marín el otro día en un mensaje en Sedice.com, sino de darle una definición digna que sirva para poner coto a su gula, como explica el autor del artículo.

Si se toma lo dicho como premisa, ya no tiene sentido usar el término «ciencia ficción» en la cita de arriba, sino que habría que decir «la literatura especulativa tiene el potencial», para mencionar, entonces sí, las obras de Priest, Roth, Ishiguro, McCarthy, etcétera.

Para que se entienda mejor lo que significa usar una definición de ciencia ficción ajustada voy a sacar una cita del mismo debate en Sedice.com. Laura Quijano, que, junto con Jorge Baradit y Moisés Cabello (cada uno con su planteamiento) es de las más activas en este pequeño círculo de autores con parecidos intereses, había propuesto: «La ucronía especula con la ciencia histórica. Es, pues, ciencia ficción», y mi réplica era:

No. Hablando con exactitud, especula con la historia. Normalmente las ucronías no proponen ningún avance nuevo en la ciencia histórica, ni tendrían realmente por qué.

Isaac Asimov, en un pasaje de su saga de las Fundaciones (alguien que tenga mejor memoria que yo que diga en qué libro), escribía que los historiadores del Imperio habían dejado de investigar el pasado y se limitaban a comparar las distintas teorías existentes. Eso es especular sobre la ciencia histórica y, por tanto, ciencia ficción.

Julián Díez parece sugerir en su artículo que bajo la etiqueta «ciencia ficción» debería quedar la literatura especulativa lúdica. Eso es algo en lo que no estoy de acuerdo aunque, como voy a explicar, la diferencia aparente es muy pequeña.

Si lo pensáis, la especulación sobre la ciencia puede tener un significado alegórico que un público versado en la ciencia (y en sus conflictos internos) podría apreciar. Por poner un ejemplo actual, el diseño de los cohetes Ares y las cápsulas Orion que tienen que reemplazar a los viejos Shuttle es un tema polémico y conflictivo entre el público informado; una obra especulativa en la que el desarrollo de la ciencia sirviera para exponer una estrategia de ingeniería diferente sería alegórica y cuestionaría la realidad científica.

Otros ejemplos serían alegorías sobre: las teorías de la extinción de los dinosaurios, los métodos de investigación o contrainvestigación del cambio climático, la proliferación de hipótesis exóticas en la física cuántica, la construcción de telescopios más grandes versus sondas interestelares, la competencia entre las energías renovables y la inversión en reactores de fusión, el estudio de los orígenes de la vida, la falta de rigor en las encuestas estadísticas, la integración de más o menos funciones en los móviles, la arquitectura más estética que utilitaria de Santiago Calatrava, la modernización de los protocolos de Internet, etcétera.

El problema, por supuesto, es que esas condiciones hacen que la aparición de autores de ciencia ficción alegórica con talento literario resulte un hecho muy raro y que, salvo que se haga un esfuerzo divulgativo en la misma obra, el público potencial sea muy escaso.

No debéis pasar por alto que dentro de cada subgénero puede haber literatura crítica y literatura lúdica. Imaginad que alguien escribe una ucronía en la que Al-Andalus todavía existe a principios del siglo XVII y Cervantes es un espadachín que se corre toda clase de aventuras, enamorando por igual a doncellas árabes y cristianas. Eso es una ucronía lúdica. Como es lógico, si esa clase de historias se hicieran comunes, sería una tontería crear el género de la «historia ficción» sólo para separarlas de las ucronías alegóricas. Porque, de hecho, esa no es la raíz de este problema.

El problema que nos trae es que la ciencia ficción «no tiene abuela». Al estar mal definida, ha invadido el terreno de otras literaturas, y, como a su lado lúdico le falta uno alegórico con el que contrastar, el primero se ha atribuído la relevancia del segundo. Imaginad ahora que no existieran apenas obras históricas de enjundia, y que hubieran predominado siempre obras lúdicas como, por ejemplo, la saga de Alatriste. De tal modo que, al no haber casi ninguna obra «históricamente enjundiosa» con la que contrastar virtudes, carencias, propósito y utilidad, algún sector proclamara que la saga de Alatriste es el culmen de la literatura histórica enjundiosa (en vez de, tal vez, el culmen de la literatura histórica lúdica).

Por todo esto, la meta no es distinguir la ciencia ficción lúdica de las distopías, ucronías y demás. Eso son dos niveles taxonómicos diferentes. De lo que se trata es de distinguir la ciencia ficción del resto de miembros de la literatura especulativa y, a su vez, dentro de la ciencia ficción, distinguir (y de paso, rescatar) la especulación científica alegórica de la especulación científica lúdica. Eso permite a los estudiosos, a los editores, a los aficionados y a los lectores crear tanto relaciones horizontales entre los distintos subgéneros especulativos, ya sea como un todo o entre sus respectivos lados alegóricos o lúdicos, como relaciones verticales entre la literatura especulativa y el subgénero o, dentro de este último, entre el lado alegórico y el lúdico.

Como resulta que muchas obras son químicamente complejas, lo que necesitamos es una tabla lógica y regular que de verdad nos sea útil para reconocer sus elementos. El objetivo último no es encasillar obras, sino atribuirles rasgos de forma ajustada y con propiedad para poder expresar mejor ante el público qué clase de obras son. Y eso no podemos hacerlo sin una estructura bien definida a partir de criterios estrictamente filológicos.

07/09/2008   5 comentarios
  1. Fran Ontanaya
    07/09/2008 - 3:38, Id.

    Tal vez el penúltimo argumento haya quedado un poco oscuro. En el resto de géneros y subgéneros la convivencia de literatura alegórica y literatura lúdica no supone un problema porque el contraste siempre es posible. Por ejemplo, aunque digamos que Borges y George R. R. Martin son ambos literatura fantástica, nadie los confundiría.

    En el caso de la ciencia ficción (especulación científica), hay muchos George R. R. Martin, pero poquísimos Borges. Al estar libre del contraste, la ciencia ficción lúdica se ha expandido sin control, y eso le ha permitido ofuscar a la literatura especulativa alegórica.

  2. Moisés Cabello
    07/09/2008 - 11:29, Id.

    Este tema siempre me hace recordar la cara que pone un amigo que se dice requetepurista de la ciencia ficción cuando en suplementos o fanzines sobre el tema ve cosas como Galaxy Quest o Los Cuatro Fantásticos. Es un poema :)

    La verdad es que desde hace tiempo se meten cosas en el saco de la ciencia ficción a la menor provocación. Y estoy de acuerdo en, en cierta manera, volver a los orígenes del término en cuanto a especulación científica: tener una nave espacial o contar una historia paralela (El Señor de los Anillos es un pasado alternativo de nuestro mundo) no puede convertir algo automágicamente en ciencia ficción. Y estoy seguro de que no soy el único que cuando dice escribir algo de ciencia ficción, su interlocutor piensa precisamente en ese tipo de ejemplos y fuerza una sonrisa tipo "ah, qué bien", y yo tengo que explicarle que no, que no es exactamente como La Guera de las Galaxias.

  3. fjsi
    08/09/2008 - 18:33, Id.

    Mrrr, me lo tengo que leer con más cuidado, pero ¿para eso no se inventó el "hard" el "soft" y la "space opera". Además, son inventos viejos.

  4. Fran Ontanaya
    08/09/2008 - 18:45, Id.

    Ni hablar. La denominación "ciencia ficción soft" es un engendro que al cabo de varias décadas sólo ha calado entre los aficionados.

  5. Laura
    09/09/2008 - 8:12, Id.

    Muy interesante tu artículo. Lo lúdico es propio de la literatura en general y no podía faltar en la ciencia ficción, así como lo alegórico y ¿por qué no? lo especulativo. Sin embargo, a veces parece que estas disquisiciones se reducen a un problema de terminología, porque la triste realidad es que la ciencia ficción -o como quiera llamársele- no ha logrado posicionarse entre los géneros "serios" de la literatura, con lo que muchas de sus obras más extraordinarias o no son debidamente apreciadas o se las esconde bajo otras designaciones para hacerlas llegar al público adulto y "serio". Mucho daño, en cierta forma, le ha hecho la pasión juvenil por lo novedoso y lo extraño... :(

Los comentarios de nuevos lectores están sujetos a moderación.


Libros y relatos
El astronauta
Ciencia ficción/Terror
relato
Precio: 0 €
El premio de lotería
Distopía
relato
Precio: 0 €
El cielo de los ángeles
Distopía
relato
Precio: 0 €
Grigol
Realismo mágico
relato
Precio: 0 €
#IranElection
Actualidad
relato
Precio: 0 €
El año que perdí a Lucy
Distopía
relato
Precio: 0 €
© 2009, Fran Ontanaya - Aviso Legal
Iconos sociales por Lenka Melèáková · Imagen promo: Olaf Simons CC-BY