Creacionismo versus Evolución

El País.- «Charles Darwin: 200 años después de tu nacimiento, la Iglesia de Inglaterra te debe una disculpa por malinterpretarte y por, además de tener una reacción equivocada, haber animado a otros a no comprenderte tampoco. Tratamos de practicar la antigua virtud de ‘fe buscando la comprensión’ y confiamos en que esto suponga una reparación».

De esta forma, la Iglesia de Inglaterra pedirá disculpas a Darwin por haberse opuesto de manera «excesivamente emocional» a su teoría de la evolución, publicada en 1859 […]

Durante los últimos años la enseñanza del Creacionismo —en las aulas de los Estados Unidos principalmente—, ha tenido un auge considerable si no en extensión, sí en notoriedad política. Por ejemplo, Sarah Palin, la candidata a vicepresidenta por el Partido Republicano (y protestante evangélica), considera que el Creacionismo debería enseñarse en las escuelas públicas y que la decisión entre Creacionismo y Evolución es algo debatible. Sin embargo, la Teoría de la Evolución no sólo no es incompatible con el dogma cristiano, sino que lo deja en mejor lugar que la idea de una ecología completamente prefabricada.

Vamos a viajar 149 años atrás en el tiempo —¡el año que viene es el 150 aniversario!—. Podríamos decir que, en 1859, era lógico que las iglesias cristianas rechazaran la Evolución. En aquella época aún no se conocía otra expresión de la naturaleza de un ser vivo que no fuera su morfología. Por lo tanto, cuando un creyente leía que un ente todopoderoso hizo el hombre a su imagen y semejanza, la única interpretación que cabía era que lo había hecho ya terminado, con sus dos piernas, sus dos brazos, su cabeza y el resto de accesorios de serie.

Sin embargo, ahora estamos en el 2008. En el 2008 sabemos que la mínima expresión de todo ser vivo es una cadena de aminoácidos (por lo general, ADN). En el ADN no sólo se codifican los genes activos, sino también genes inactivos que proporcionan al ADN un potencial de cambio. Si desandamos todo el proceso evolutivo, llegaremos hasta una forma de vida primigenia cuya cadena de aminoácidos tenía la capacidad potencial de convertirse en la de un ser humano (o cualquier otro ser vivo).

Recordemos, de paso, que los creacionistas suelen estar al mismo tiempo en contra del aborto, los anticonceptivos y la clonación, por lo que indirectamente señalan al ADN como el contenedor físico mínimo de un ser humano. En consecuencia, no habría ninguna necesidad de crearlo «ya hecho». Si un ser humano es un ser humano durante todo el proceso desde la hibridación de los cromosomas hasta la madurez, entonces bien puede serlo durante toda la evolución desde la primera célula con ADN hasta la actualidad.

En ese punto cada cual puede diferir como más le guste. Yo, como no creyente y con mis conocimientos rudimentarios de química, considero que la vida surgió de forma fortuita a partir de compuestos químicos simples. Un creyente puede optar por decir que los componentes de la primera cadena de aminoácidos fueron ensamblados de forma deliberada para que contuvieran en potencia (a través del proceso evolutivo) la posibilidad del ser humano. De hecho, incluso aunque lo primero sea cierto, no invalida necesariamente lo segundo: que la vida surgiera de forma espontánea no impide que se pudiera crear intencionadamente. La ciencia actual es capaz de sintetizar formas simples de ADN, y si nuestra ciencia puede, supongo que una hipotética entidad omnipotente también habría sido capaz.

Si se considera la velocidad a la que se supone, según la religión cristiana, que el universo y todas las formas de vida fueron creados, las teorías de la evolución (y la genética) deberían ser acogidas de mejor grado. Imaginemos que esos famosos seis días en que se hizo todo abarcaran desde el Big Bang hasta la formación de los primeros átomos (que podrían haberse combinado en moléculas, aminoácidos, y cadenas de aminoácidos). En ese caso, la distancia entre lo que dice la ciencia y lo que dice la religión cristiana se reduciría a unos 300.000 años, menos seis días, antes de computar los efectos en el tiempo de la Relatividad. Ese es el tiempo que, científicamente hablando, habría tardado una entidad sobrenatural en dar inicio al universo y crear alguna forma de vida con el potencial de convertirse, por sí misma, en un ser humano. Por lo tanto, si la Iglesia quisiera, podría argumentar que la teoría de Darwin contribuye a que las afirmaciones de la Biblia (escritas, por cierto, según el supersticioso punto de vista de los habitantes de la Antigüedad) sean más plausibles.

Ese es el motivo por el cual todos los creyentes deberían rechazar el Creacionismo. El Creacionismo pretende que sea incognoscible algo que es cognoscible (cómo los seres vivos han adquirido la forma que tienen hoy), y promueve una complicada interpretación del origen de las especies que resulta más débil que si aceptara la Teoría de la Evolución. La religión cristiana no tiene un récord muy honroso de ataques contra la ciencia, a saber: la circulación de la sangre, la forma de la Tierra, la rotación de la Tierra, la órbita de la Tierra, la edad de la Tierra, la edad del Universo, la naturaleza de las estrellas, la epilepsia, la igualdad de las razas… Si los creacionistas se empeñan en no ver la lógica detrás de la Evolución, y tampoco se sienten aludidos por sus antecedentes de errores al juzgar la ciencia, o bien mienten sobre su fe, o tendremos que concluir que pertenecen a una doctrina sectaria.

16/09/2008   0 comentarios

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