Hoy venía en el periódico la enésima noticia sobre la reducción del hielo en el Ártico debido al cambio climático. La cabecera, el subtítulo y el texto estaban redactados en un lenguaje periodístico perfectamente correcto, lo que cualquiera está habituado a leer.
He ahí un problema: la costumbre. Cuando encuentras un titular que se ha repetido durante cierto tiempo no resulta fácil singularizar cada ocurrencia y percibir el efecto acumulativo. Es decir, no es como si hubiéramos recibido una docena de advertencias en el último año, sino la misma advertencia una docena de veces.
Cuando escribí "Nacidos en el Estrecho" la idea era la misma: los espectadores no tienen la sensación de que arribaron cien pateras, sino de que oyeron cien veces la arribada de una patera. La estandarización del lenguaje periodístico no permite guardar un recuerdo distinto de cada noticia.
¿Y dónde están los escritores en los diarios? Intentando presumir de prosa elegante en alguna columna relacionada sólo de forma colateral. Sí, el lenguaje literario es menos objetivo como transmisor de información; pero no es como si tuviéramos mucha prensa objetiva para empezar.