Los medios están dándole vueltas a cómo llamar a la gripe. México no quiere que la llamen gripe mexicana, los granjeros no quieren que la llamen gripe porcina, los EEUU con su típico síndrome metonímico no quieren que la llamen gripe americana.
Los españoles hemos pagado el pato los últimos noventa años de la anarquía del lenguaje. Como mucha gente sabe, la gripe española de 1918 no tiene nada que ver con España. Desde luego no infectaba específicamente a los españoles como la gripe aviar infecta las aves o la gripe porcina a los cerdos.
Mi sugerencia es llamarla «gripe severa» durante el evento en sí, y a efectos históricos o documentales «gripe mixta» si procede de una recombinación, como es el caso actual, o «gripe nueva» si es una mutación de una cepa. De ese modo queda representada la característica que las distingue de forma más significativa de una gripe ordinaria. Además, se preserva en la sociedad la memoria histórica de las ocasiones anteriores. Las pandemias de gripe severa no son más extraordinarias que las sequías severas, los inviernos severos o las catástrofes naturales, pero si le ponemos un nombre diferente a cada una perderemos la percepción de continuidad. Hoy en día deberíamos estar hablando de la «gripe severa de 2009», la «gripe severa de 1968» y la «gripe severa de 1918», no de la «gripe porcina», la «gripe de 1968» y la «gripe española».