Extracto
El 15 de junio de 2009, Navid estaba dormitando en su silla cuando oyó un gran estruendo de voces que se acercaba por la calle. Consciente de su edad, decidió quedarse esperando sentado donde estaba y no salir de la tienda. Escuchó el ruido, que arreciaba en ráfagas como los azotes de una tormenta, con los ojos abiertos como platos.
Unos minutos más tarde, un gran río de gente empezó a pasar ante la puerta.
[…]
La muchacha se sentó en el suelo, escondida tras unos cestos de patatas. Se oyó el rápido tecleo de los botones y luego breves conversaciones con unos amigos que tenían acceso a Internet.
Navid podía ver el rostro de la joven iluminado por el etéreo resplandor del télefono, flotando en medio de la negrura del maghnae que le cubría la cabeza. Los ojos estaban tan abiertos y centelleantes que parecía que fueran ellos quienes iluminaban aquel rincón de su pequeña tienda.