Extracto
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El padre Manuel era un hombre atormentado. Era fácil darse cuenta de ello. Sus manos se agarrotaban y su amplia frente palidecía cada vez que sentía una punzada de sufrimiento interior. En ocasiones se le veía pasar páginas y quedarse mirando el libro con ojos perdidos y expresión perpleja, incapaz de encontrar un capítulo que creía recordar. Por momentos flaqueaba en su lucha contra sí mismo, hasta que, de pronto, cerraba la Biblia con un golpe seco, anunciaba el final de la misa y se retiraba sin más ceremonia, sosteniendo el libro como si fuera una caja llena de serpientes.
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Arriba, en el campanario, un ángel cayó desde el cielo, se aferró a la jaula de hierro y batió sus reflectantes alas a la luz de las hogueras. El hambre le podía más que el dolor de la descarga eléctrica. Una ráfaga de fusil le alcanzó sin hacerle daño. Las baterías apuntaban en otras direcciones, aquí, allá. Era imposible saber cuántos ángeles se escondían en la oscuridad.
Reseñas: