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Grupos de autores vs. medios de distribución


Book View Café, la coope­ra­tiva de auto­res de la que forma parte Ursula K. Le Guin, cerró esta semana un acuerdo con Smash­words para dis­tri­buir su catá­logo de libros digitales.

BVC no es el único grupo que está tra­ba­jando para orga­ni­zar la dis­tri­bu­ción de sus libros. Back­word es un colec­tivo de auto­res auto­pu­bli­ca­dos que tam­bién busca alcan­zar rele­van­cia mains­tream. Uno de los aspec­tos intere­san­tes es que cada miem­bro uti­liza el canal o los cana­les de su elección.

Esto supone un cam­bio res­pecto al pasado, cuando los pun­tos de venta podían con­tro­lar en buena medida la salida que tenía el libro. Antes, si no ven­días el libro X en la libre­ría del barrio Y, no siem­pre podías ele­gir ven­derlo en otra libre­ría del barrio Y. Ahora ni siquiera importa si la otra libre­ría se encuen­tra en el otro lado del mundo.

En el futuro cer­cano podrían ocu­rrir dos cosas: que en ver­dad los cana­les de dis­tri­bu­ción fun­cio­nen ocu­pando dis­tin­tos nichos, sean lai­cos res­pecto al hard­ware y los lec­to­res se mue­van con faci­li­dad de unos a otros, o que los fabri­can­tes de hard­ware inten­ten impo­ner el uso de su canal de dis­tri­bu­ción, difi­cul­tando que los usua­rios cam­bien de ser­vi­cio, y uti­li­zando a sus lec­to­res cau­ti­vos como rehe­nes para con­di­cio­nar a los pro­duc­to­res de contenidos.

Si ocu­rre lo segundo, los gru­pos de auto­res pue­den tener una ven­taja res­pecto a las edi­to­ria­les. La rela­ción de los auto­res con los lec­to­res es menos dis­tante y más difí­cil de rom­per. Una hipo­té­tica “iTa­blet Book Store” no puede per­mi­tirse que la gente sepa que exis­ten con­te­ni­dos “cool” en otro local. En los cana­les de dis­tri­bu­ción digi­ta­les si no ocu­pas un nicho se espera que lo ten­gas todo; si no lo tie­nes todo enton­ces eres defi­ciente res­pecto a Inter­net en sí como medio.

Las dis­co­grá­fi­cas estu­dia­ron este pro­blema a fondo en su día. Los caza­ta­len­tos se usan para encon­trar lo “cool” antes de que escape al con­trol del sello (“The Mer­chants of Cool” docu­menta algu­nos ejem­plos de la era MTV). El pro­blema del editor/corrector/agente como miem­bro externo a la auto­ría es que no par­ti­cipa en el aura “cool” de la crea­ción y no posee en reali­dad la fide­li­dad de los lectores.

Si los gran­des del mer­cado digi­tal lan­zan un órdago por la leal­tad del público, a las edi­to­ria­les les van a fal­tar armas para opo­ner resis­ten­cia e impe­dir que vaya­mos de un tipo de mer­cado cau­tivo a otro tipo de mer­cado cau­tivo. Van a tener que ser los mis­mos auto­res quie­nes se empe­ñen en res­ca­tar a los lec­to­res del hard­ware y el soft­ware enjau­lado, antes de que sea dema­siado tarde para tomar posiciones.





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