¿Quién necesita editores? Opinan: Newsweek, Ray Conolly, Seth Godin, Mitch Joel, Phillip Goldberg, Ursula Mackenzie, Paul Carr y el que aquí escribe
El tema del verano en esta moda revivida de las batallas dialécticas entre columnistas es la importancia de los editores en el futuro del libro. El debate lo inició Newsweek el pasado 30 de julio:
Ahora tanto nuevos escritores como autores establecidos están tomando cada vez más la publicación con sus propias manos, y el establishment editorial está prestando atención.
[…] “Es un terreno de juego igualado por primera vez,” dice J. A. Konrath, autor de suspense (Whiskey Sour) que planea publicar todas su futuras novelas como libros autopublicados para Kindle. “Los porteros han pasado a ser quienes deberían haberlo sido en primer lugar: los lectores.”
El 12 de agosto, Ray Connolly, autor, explicaba en el Guardian por qué había decidido publicar su próxima novela capítulo por capítulo en su web:
Esto ya era bastante malo cuando los departamentos editoriales tenían ellos mismos la autoridad para comprar manuscritos. Pero entonces llegó el interminable ascenso de los departamentos de ventas, y pronto las novelas fueron seleccionadas cada vez más conforme a en qué género encajaban.
[…]
Ahora soy Ray Connolly, escritor, editor en jefe y director de ventas de Plumray Books, y cualquiera de las 2 mil millones de personas que poseen un ordenador en el mundo que quiera leer mi nueva novela, The Sandman, puede hacerlo con el clic de un ratón.
Por su parte, Seth Godin, uno de los expertos en márketing más famosos, anunció el 23 de agosto que tomaría el control de la publicación y distribución de sus propias obras:
Mi audiencia hace cosas como comprar cinco o diez copias de una vez y distribuirlas a amigos y compañeros de trabajo. Ellos (tú) reenvían entradas de blog y PDFs. Se unen a foros de discusión en línea. Ninguna de estas cosas son auspiciadas por el corazón del modelo corporativo de publicación actual.
El día siguiente, 24 de agosto, Mitch Joel, también gurú del márketing, escribía:
Lo que Seth, el Wall Street Journal, la industria de la edición y los agentes literarios no te están diciendo es que tú puedes, de hecho, ser como Seth Godin. Estos canales digitales de venta están aquí para ti (y son gratuitos, si no cuentas el tiempo que necesitas poner en ellos).
Philip Goldberg abrió la ronda de las réplicas el 24 de agosto en Huffington Post:
[…] El corrector, probablemente un licenciado en Inglés mal pagado que ama los libros, fue lo bastante sabio para descubrir ese pequeño descuido y otros, y lo bastante preocupado para consultarlo.
El caso es que soy un escritor profesional que lleva gran cuidado con su trabajo y que ha estado en el negocio de los libros por treinta años. Y todavía necesito editores.
Ursula Mackenzie, presidente del Trade Publishers’ Council1, escribió el 27 de agosto, también en el Guardian:
[…] los editores son más relevantes que nunca en la era digital.
[…] el punto más importante de todos, que a muchos lectores les gusta saber que el libro en el que van a emplear leyendo su valioso tiempo ha sido filtrado a través de un proceso de selección por gente cuyo trabajo es guiar al lector a lo que quiere y asegurarse de que emplean su tiempo ―y dinero― sabiamente.
Y Paul Carr, articulista en TechCrunch, publicó esta entrada el 29 de agosto:
[…] sólo hay en realidad dos tipos de persona para quienes tiene una iota de sentido hacer pedazos su acuerdo literario y abandonar el profesionalismo [sic], mil millonario mercado de la imprenta, y el inconmensurable caché de la edición tradicional. Los primeros son los promotores excepcionalmente diestros como Godin […]
El segundo tipo es más trágico: los autores que, por cualquier razón, temen que están a punto de ser descartados por su editorial (o en el mejor de los casos pagados un minúsculo anticipo por su próximo libro) y que quieren salvar las apariencias usando la innovación como excusa.
Estos son los argumentos dados a favor de las editoriales, y las contrarréplicas del que aquí escribe:
- Los programas de edición digital forman parte desde hace tiempo de la estrategia de las editoriales.
Aunque los programas existen, lo cierto es que ni se desarrollan ni se promocionan por a) el tremendo condicionamiento que supone la presión de las librerías, especialmente las cadenas de distribución que pueden prescindir de la venta de libros; y b) el cerrojo de los contratos antiguos, que impiden llevar a las plataformas digitales casi todo el fondo de catálogo sin renegociar con los autores.
- Sin los anticipos, los costes para el autor se pueden disparar.
Un anticipo ordinario cubre las necesidades básicas del autor por unos cuantos meses, y la tendencia actual es a reducir las cantidades. Aparte, el autor tiene que sobrevivir sin ingresos lo que tarda la editorial en aceptar el manuscrito, si lo acepta, y cerrar el contrato; un proceso que se puede alargar hasta un año. Cuando se autopublica el autor puede anticiparse con mucho al proceso tradicional, recibiendo ingresos desde el primer día, y se libra además de apostar su futuro financiero a todo o nada, según si consigue un contrato o no.
- Las editoriales ofrecen los mejores servicios de edición y corrección.
Casi todas las editoriales emplean lectores de manuscritos, correctores y traductores que no viven únicamente de su profesión. No es tampoco ningún secreto que muchos de esos servicios están deslocalizados2. Además, las editoriales no pagan por sobreeditar: el objetivo es un resultado aceptable en la menor cantidad de tiempo, al menor coste posible.
El autor autopublicado no sólo tiene acceso a estos profesionales, de los que hay exceso de oferta, a precios que puede acomodar dentro de un mayor margen de maniobra sobre el precio del producto final. También, en circunstancias en las que el trabajo de edición no empezaría hasta después de firmar el contrato con la editorial, el autor autopublicado puede implicar a otros profesionales durante la elaboración del libro, consiguiendo que el tiempo de edición se solape con el de escritura y se acorten los plazos.
- Los autores necesitan a las editoriales para luchar contra la piratería.
En teoría, las sociedades de gestión (CEDRO en España) ya tienen encargada esa función, y cobran bastante por ello.
En la actualidad todos los libros que interesan a un número significativo de lectores están pirateados y disponibles en minutos3. Podemos asumir que los resultados que presentan las editoriales por ese servicio son dudosos.
Parece razonable pensar que la posibilidad de ofrecer los textos digitales a precios inferiores al mercado tradicional, y de que los lectores accedan instantáneamente a ellos, son medidas que atajan mejor el problema que perseguir a posteriori los actos de distribución no autorizada.
- Las editoriales a menudo invierten en gestar nuevos autores aun a riesgo de perder dinero con sus primeras obras.
Esta inversión la suelen realizar o bien las editoriales pequeñas, que pagan poco o nada como anticipo, realizan poca promoción, y dependen de la certificación de calidad que le otorgan al libro un nicho de lectores, o bien las administraciones públicas y fundaciones privadas, a través de sus certámenes literarios.
Por otro lado, las grandes inversiones se realizan en autores ya consagrados ―cuyo coste sumergido es demasiado grande como para echarlo a perder―, aun cuando la calidad de sus obras haya decaído y provoque descontento entre los lectores4.
- El editor es quien conoce mejor el mercado.
El mismo Seth Godin, entre otros, hace notar que las editoriales no tienen experiencia propia en vender a los lectores, ya que sus clientes son las librerías. Con Borders cerrada, Barnes & Noble en venta y un futuro bastante negro para el resto de librerías, el valor de esa experiencia es cuestionable.
- La demanda de libros impresos sigue siendo más importante que los libros digitales.
La progresión actual de los libros digitales es exponencial5 mientras que las ventas totales llevan estancadas desde 20056. En concreto, las ventas de ebooks como porcentaje del total en los EEUU fueron un 0,58 en 2007, 1,19 en 2008, 3,31 en 2009 y 8,48 de enero a mayo de 2010.
Los autores y sus agentes están acostumbrados a pensar a largo plazo cuando tratan con la industria tradicional, por lo que lo que ocurra de aquí a unos años es de máxima relevancia hoy.
- Los editores filtran las obras para que los lectores no pierdan tiempo y dinero.
En cuanto a dinero, suponiendo que los lectores nunca se arrepientan de haber comprado un libro en papel, pueden permitirse equivocarse múltiples veces con autores autopublicados y aun así gastar menos de lo que solían.
En cuanto a tiempo ―de nuevo, suponiendo que los lectores no pierdan ninguno con las editoriales―, para que un lector lo pierda con un autor autopublicado, por experiencia, tienen que cumplirse primero varias condiciones:
- que el autor haya formado parte de la misma comunidad, o terceras partes hayan informado al lector de la existencia del autor difundiendo sus opiniones o artículos;
- que el autor tenga un núcleo visible de seguidores que lo consideran relevante;
- que terceras partes le hayan recomendado el libro;
- que, cumplido todo lo anterior, las muestras de texto le resulten interesantes.
Es decir, hasta que un autor autopublicado ha hecho su trabajo para presentarse y ganarse el crédito de su nicho más próximo, es completamente invisible para el público general. Si bien existe la percepción de que se perdería tiempo con autores autoeditados, esa percepción no está basada en la experiencia, ya que la mayor parte de los lectores apenas ha tenido contacto con estos.
Por último, me gustaría señalar que es poco razonable minusvalorar la autopublicación tras sólo dos años de transición digital. De hecho, puesto que los lectores digitales no hacen distinciones entre editoriales:
Carmen Ospina, manager digital para Random House Mondadori, comentó el lanzamiento del portal de consumidores de la editorial, titulado Me Gusta Leer.
“Decidimos que la marca [de la editorial] no es realmente importante para nosotros,” […]
… cabría pensar que hace falta un cambio en la actitud actual del público para que no se aceptara un libro sólo porque no exhibe la marca de una editorial.
[1] Consejo de Editores Comerciales.
[2] The ying-yang of publishing outsourcing http://www.sourcingnotes.com/blog/the-yin-yang-of-publishing-outsourcing
[3] Un ejemplo, ofrecido con fines documentales: http://www.google.com/search?=download+harry+potter
[4] Booksquare, “A Question of Value”, http://booksquare.com/a-question-of-value/
[5] Industry Statistics, quarterly US trade retail eBook sales, International Digital Publishing Forum & the Association of American Publishers (AAP): http://www.idpf.org/doc_library/industrystats.htm
[6] Publishers’ May Book Sales Increase 9.8%; Year To-Date Sales Increase by 11.6% http://www.scribd.com/doc/34331059/May-2010-Book-Sales










01/09/2010. 1859 palabras. Categorías: