Lo que ha pasado en Francia es el síntoma de una democracia insuficiente. Como suena. Al parecer, el No de los franceses no es tanto a Europa como a los problemas internos y las divisiones dentro del partido del gobierno. Que son, claramente, lo que más preocupa a los ciudadanos de niveles educativos medios y bajos (los universitarios han votado de forma mayoritaria el Sí).
El hecho de que hayan utilizado un referéndum para una cuestión europea como forma de transmitirle al gobierno su descontento, si está probando algo es que los franceses estaban buscando una oportunidad y una forma de expresarlo y que no la habían encontrado hasta ahora. Cuando la única “voz” que tiene la gente es un Sí o un No, a la cuestión que sea, lo normal es que utilicen esa voz para intentar reclamar la atención sobre sus problemas. Si a los franceses les hubiesen dado voz antes del referendum (unas elecciones generales, por ejemplo, como tuvimos aquí sólo un año antes), no habrían tenido tanto esa necesidad de alterar el significado de la votación.
El desaguisado ya está hecho, pero la Constitución no tiene por qué pagar unos platos rotos que no le corresponden. Chirac debería hacer limpieza, satisfacer lo suficiente ese rechazo, y convocar de nuevo elecciones. Cuando, esta vez sí, los franceses estén pensando sólo en votar la Constitución y no en darle los palos que crean que merece el gobierno.
Claro, que de paso, podríamos actualizar la democracia. La red permite ahora a la gente expresar sus opiniones de forma instantánea. Sin embargo, ante su propio gobierno, sólo puede hacerlo una vez cada varios años. Quizá dar unos pasitos hacia la democracia directa no sería tan malo.









