…de Ramón María del Valle-Inclán. Es lo último que he leído. Es una historia donjuanesca (parte de una serie, formada por las cuatro estaciones, claro) con el Marqués de Bradomín de protagonista. La narración, con una trama puramente cortesana, está compuesta de capítulos que son como descripciones de cuadros del Siglo de Oro, con sus luces y sombras, y a veces con más atención por los detalles que por el todo como el impresionismo, o con la decadencia dorada y sensual del romanticismo. Está escrita, en definitiva, para disfrutar despacio.
Valle-Inclán es sencillamente tremendo usando el lenguaje. Y en esta novela hay un diálogo que me arrancó una carcajada:
Hallábame combatido por tales bascas, cuando entró Musarelo:
—Mi Capitán, un padre capuchino desea hablaros.
—Dile que estoy enfermo.
—Se lo he dicho, Excelencia.
—Dile que me he muerto.
—Se lo he dicho, Excelencia.
Miré a Musarelo, que permanecía ante mí con un gesto impasible y bufonesco.
—¿Pues entonces, qué prentende ese padre capuchino?
—Rezaros los responsos, mi Excelencia.
Aprovecharé esta ocasión. Rompamos esa barrera que nos separa a menudo de algunos y muy buenos clásicos españoles. Es cierto que hay obras terribles, espesas y aburridísimas. Pero esa es una mala actitud para enfrentarse a cada nuevo intento. Así es como se deja de disfrutar de un Tiempo de Silencio de Luís Martín Vigil, de las Leyendas de Bécquer, incluso del mismísimo Quijote. Todos los autores son amenos hasta que se demuestre lo contrario.

Cualquiera puede disfutar con los clásicos españoles a poco que se acerque a ellos sin prejuícios. Inclán, Becquer, Alarcón, Zorrilla, Ferlosio… De este último es el libro que estoy leyendo:Alfanhuí; Los caspítulos decriben perfectamente la vida tradicional de la Guadalajara y Madrid de la época. Otra maravilla utilizando el lenguaje, y con unos cuantos pasajes plagados de fantasía.
De Valle Inclán recomiendo un librito de relatos basados en leyendas y en tradiciones y supersticiones de la Galicia rural, que es lo último que le leí, llamado Jardín umbrío.
Para pasar un rato agradable con un libro en las manos, os recomiendo un libro de relatos recién salido del horno, de tono fantástico, ambientados en el mar. Se llama “Mares Tenebrosos” Ahí hay naufragios, buques fantasmagóricos, o islas misteriosas plagadas de hongos; a manos de William Hope Hodson o Blasco Ibáñez, sin ir más lejos. Los amantes del género lo disfrutarán.
Nada más.
Chao.
Es verdad que un lenguaje cargado puede hacer la lectura mas lenta y a veces entorpecerla. Pero no me he dejado vencer por esos obstáculos? que digo obstáculos. Son prejuicios, porque ese lenguaje es espejo de una epoca y desde ese cristal han de leerse esas obras. A mi las leyendas de Bequer (en su momento claro) me enamoraron. El pájaro enjaulado quedo siempre en mi cabeza y no me atrevo a liberarlo.
El Quijote que leí e pequeña ya está en la mesa para leer este año (no podia ser de otra manera)
Y otros clásicos? si algunos, sobre todo poesía.
No le hago feos a lo viejo, solo a lo malo
Y por cierto. No creo en la inocencia de ningún escritor
Aquí el lenguaje también da mucho de sí. Aunque sean todos culpables, se merecen ser sometidos primero a un juicio más o menos justo.
Nadie está libre de pecado. Y los de los escritores son siempre más intencionados…