Vivimos una época histórica, por desgracia. Dentro de cien años hablarán de nosotros en los libros de historia. Se acordarán, sin duda, de toda la gente que sufrió víctima de nuestras barbaridades.
Pero la mayor parte de esas víctimas no tendrán el lujo de ver su nombre en esos libros. Sobre todo, hablarán de los dirigentes, y de las decisiones que tomaron. De las correctas y las incorrectas. De las altruistas y de las interesadas.
Lo único cierto es que la historia no perdona. Ni a los terroristas asesinos, ni a los sinvergüenzas, ni a los hipócritas. La memoria de los que sobreviven es la conciencia de los inconscientes.










Duele, me hace recordar el miedo del 11-M, la angustia de no saber si los tuyos están a salvo, la certeza de que cualquier necio armado con una bomba e ideales irracionales puede destruirlo todo.
Joder, qué frustación.
Toda la historia me es bastante familiar. Hace unos ocho años, si mal no recuerdo, me evacuaron de un McDonalds londinense por aviso de bomba. A la hora la calle de al lado reventó. Recuerdo el caos, el nerviosismo. Era cosa del IRA y bueno, el IRA avisa. Pero es terrible que ahora, que ya los ánimos se han ido calmando, tengamos que revivir la pesadilla de Madrid y de las Torres Gemelas, aunque sea a una escala más reducida.
Y que me dices de aquello de que la historia la escriben los vencedores… y aún no sabemos quién ganará.
Triste. Muy triste