Ayer, durante la tormenta, cayó un rayo en mi edificio. En mi caso tuve suerte: saltaron los plomos y nada se averió. Yo estaba junto a una ventana abierta, así que podría haber sido peor.
Algo curioso de los rayos cuando caen tan cerca es sentir el sonido del trueno en el mismo instante que el destello. Además, no hay reverberación, así que todo es más como un gran tablón que cae al suelo de forma inesperada. Sólo que lo que cae es un dedo de electricidad capaz de freir todo lo que toca.
La antena, de momento, se ha ido a hacer gárgaras (aunque el cable sigue intacto, si no iba a escribir en la bitácora por telepatía). En los pisos donde no saltaron los plomos, se han quemado los electrodomésticos y se han llevado el susto de ver salir chispas eléctricas por los enchufes.
Si hay algo que lamento es no haberlo visto caer.









