Feed RSS

Premios 20Minutos

International Year of Astronomy 2009

Stalker, un picnic junto al camino

Siempre que cae en mis manos una obra de ficción especulativa no anglosajona me empiezo a preguntar cuántas historias habrá por ahí “tapadas” por la inmensa picadora de carne americana. También siento, al mismo tiempo, la tentación de empezar a glosar méritos y virtudes de esas lecturas sólo porque no son de la gran corriente (sí, incluso la CF tiene su gran corriente). Algo así como esa sensación de elevación cultural que le entra a uno al ver una película europea, aunque a veces no sea para tanto.

En el caso de Stalker, un picnic junto al camino, de Boris y Arkadi Strugatski, sin embargo, puedo explayarme a gusto sin remordimiento. Es un buen libro. No es, a primera vista, una obra terriblemente trascendental (porque no estamos hablando de un 1984 o un Un mundo feliz), pero, todo y teniendo los mismos ingredientes que las novelas llenas de fascinación y suspense de Wells o Matheson tiene también un valor extra que lo distingue de lo que podría haber sido una mera historia de serie B, un raro combinado, de hecho, entre un western, una historia de alienígenas o de zombies y una aventura militar.

En verdad, Stalker es una obra engañosa. En un principio, parece que sólo nos quiere proporcionar un rato de entretenimiento con las intrigantes peripecias del protagonista en la Zona, llena de peligros y artefactos alienígenas (los restos de lo que, probablemente, no fue más que un picnic junto al camino de una civilización alienígena). Pero tras eso se esconde un tratamiento serio tanto del argumento como de los personajes; el protagonista es un saqueador de carácter cínico y, cuando la situación lo exige, lo bastante realista como para tragarse sus propios escrúpulos. De ahí lo que me pareció más logrado de toda la historia: la relación entre Redrick, el protagonista, y el muchacho aprendiz que lleva consigo en su última incursión. Para el muchacho, Redrick es un maestro; para Redrick el muchacho, todo y ver con satisfacción como se esfuerza por aprender y llevar a cabo todo lo que le dice, es, en definitiva, una especie de sabueso buscador de minas que eventualmente puede sacrificar para alcanzar así lo que está buscando. Tanto eso como el sentido común que transpira toda la novela (ahí está, por ejemplo, la forma en la que se enfrentan a los pozos de gravedad), y por supuesto el final, tan simple como trascendente, le dan a la historia una solidez que ya habrían querido para sí muchos maestros del género.

:

:



» George Orwell visits a coal mine