El debate sobre la antología Visiones 2006 derivó hacia la afición y la producción de ciencia ficción dura:
En cuanto a los lectores, los tiempos no son tan malos como en el siglo XX; cuando el presente es demasiado oscuro la gente pone sus esperanzas en el futuro.En cuanto a los autores, no creo que sea un problema de las posibilidades de la ciencia, aunque también es cierto que ya no es tan fácil como antes centrar una novela en torno a un avance científico, sobre todo porque los nuevos avances son cada vez de naturaleza más sutil. Aunque la literatura es un género con potencia más que suficiente para tratar sobre cualquier tema, las exigencias cambian con el tiempo y ahora es más difícil que un escritor se sienta capacitado para anticipar el efecto de la tecnología en un futuro cada vez más complejo. Sin embargo, si el nivel de exigencia para la literatura hard no hubiera sido tan bajo en algunos aspectos durante tanto tiempo ahora habría más gente que se sentiría capacitada para seguir escribiendo anticipación. Lo único que pasa es que los viejos inventos fáciles ya no sirven para contar historias y los nuevos, al no parecer tan “mágicos”, han perdido su encanto.
Si yo escribiera ahora sobre móviles controlados con el campo eléctrico del cerebro, aparte de verme comprometido para ser fiel a la ciencia conocida, nadie vería en ello una posibilidad mágica y romanticista como ocurría con el submarino de Verne o la máquina del tiempo de Wells. Hace falta algo más para convertirlo en una gran historia; en pocas palabras: literatura, contenido “soft”, aunque sea sólo como refuerzo.









