Una exposición fascinante.
The Willard Suitcase Exhibit es una colección de equipajes dejados atrás por algunos pacientes de un hospital psiquiátrico de los Estados Unidos, hallados en su ático cuando cerró en 1995. Las fotografías y otras pertenencias parecen narrar sin palabras una historia vital particular, sin duda difícil, que llevó a sus dueños hasta esa institución.


Los objetos siempe han sido una fuente inagotable a la hora de contar cosas sobre quién los poseyó. Nada más sugestivo que una maleta abandonada en el ático de una casa, abandonada a poder ser, y sobre todo de un centro psiquiátrico, para que la imaginación eche a volar, y para sugerirnos cosas acerca de sus dueños.
En mi pueblo hay una de esas mansiones señoriales del siglo XIX, hoy reconvertida en principal centro de cultura del municipio, en una de cuyas dependencias tenía su sede social hace unos cuantos años una asociación juvenil que frecuentábamos los que gustábamos de leer, oír música, jugar al ping pong, y pasar el día mirando a las musarañas. El edificio permanecía tal como lo habían dejado sus habitantes, muertos a principios del siglo pasado, y cuya existencia a casi todos los que nos paseábamos por los pasillos sin luz eléctrica, se nos antojaba llena de misterios y sombrías, sensación,sin duda alguna, propiciada por la falta de datos biográficos de los señores de la casa, a excepcuión de retratos aparecidos en algunas revistas y enciclopedias, por tratarse de un hombre muy conocido en el mundo de las letras españolas, y aumentada por la ingente cantidad de habitaciones cerradas bajo llave. Habitaciones que se abrían dede un corredor central, que daba a un patio de luces tan abandonado como el resto de la casa, y que conseguían dar un desasosegante aspecto laberíntico a todo el edificio. En la mayoría de estancias se veían aún objetos del matrimonio que la habitaba y de la servidumbre (cuadros, objetos decorativos, etc.), y uno se pregutnaba de qué tipo de historias habrían sido testigos todas aquellas cosas de aspecto tan inocente, en una casa que bien podría pasar por la mansión de Norman Bates en Psicosis.
Supongo que se trata de la misma fascinación que deben de sentir los arqueólogos ante un nuevo hayazgo.
Disculpa la brasa, pero siempre sentí fascinación por este tipo de cosas.
Un saludo a todos los blogeros, y que paseis un feliz verano.
Sin duda alguna.
Resulta intrigante cómo la vida de la gente se proyecta sobre sus objetos hasta el punto que parecen formar parte de su alma —en el sentido ateo del término—. Es como si, juntando de nuevo los recuerdos y las ropas de esa persona pudieras de algún modo traerla de vuelta a la vida.