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Premios 20Minutos

International Year of Astronomy 2009

Misión Phoenix, ciencia en 33MHz

Buena parte del público general debe de pensar que las computadoras a bordo de las misiones espaciales de la NASA deben de ser lo más de lo más en potencia. En realidad siguen la estrategia de la tortuga: lento, pero seguro. El espacio no es un lugar precisamente amistoso, y no sólo por el frío o el vacío. Cualquier cosa que se mueve por él está bañada continuamente por radiaciones y partículas de todo tipo. Pensad en lo que le ocurre a la señal en vuestra radio AM cuando cae un relámpago. Si llevárais vuestro PC al espacio, y aunque lo mantuviérais a la sombra de la luz achicharrante del Sol y aislado del vacío, la radiación freiría enseguida los delicados circuitos de los chips domésticos.

Lo cierto es que la capacidad de un sistema no se mide estrictamente por la frecuencia de su reloj. Quizá recordéis aún cuando la serie AMD Athlon/Duron tenía el mismo rendimiento que procesadores Intel con 200MHz más. La CPU de muchas de las misiones de la NASA tiene una arquitectura similar a los primeros diseños de la familia de procesadores PowerPC, que hicieron funcionar los ordenadores Apple hasta 2006 y siguen usándose en las consolas modernas.

El procesador de la estación Phoenix (estación no en el sentido de que sea habitable, sino que permanecerá estática en un mismo sitio realizando los experimentos), es un RAD6000, que es un diseño adaptado a condiciones de alta radiación. Tiene algo más de un millón de transistores, realiza 35 millones de instrucciones por segundo a 32bits, equivalente a procesadores domésticos de hace una década y media, y está insertado en una placa integral, sin partes reemplazables. En los PCs los componentes como las tarjetas de vídeo y sonido o la memoria van acoplados a una placa madre, aunque la tendencia actual es a integrar de nuevo algunos de esos componentes para mejorar el rendimiento. Para corregir y reparar errores de proceso, el chip lleva además una memoria RAM de 128 MegaBytes.

Sólo muy recientemente la NASA ha validado una evolución de este procesador para el uso en misiones espaciales: el RAD750, que vuela a bordo de la sonda Mars Reconaissance Orbiter, permitiéndole procesar y enviar a la Tierra las imágenes de varios gigabytes de la cámara HiRISE así como hacer de repetidor para los rovers y, en el futuro, para la misma estación Phoenix. El RAD750 tiene más de 10 millones de transistores, una velocidad de reloj de 133-166MHz y procesa no menos de 300 millones de instrucciones por segundo. El procesador en sí puede funcionar en un margen de temperaturas entre -55ºC a 125ºC y el montaje completo, placa incluida, soporta hasta 70ºC. Está completamente basado en el PowerPC 750 G3 que se empezó a producir en el 97, principalmente para ordenadores Apple, aunque también se ha usado para versiones modernas de Amiga y Pegaso. Adquirir la versión RAD, no obstante, no es ninguna ganga. Hoy cuestan entre 200.000 y 300.000 dólares cada uno, aunque en su día la NASA llegó a pagar entre 50 y 100 millones de dólares por los primeros RAD6000.

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