La Agencia Espacial Europea comunicó el pasado 28 de noviembre los resultados hasta la fecha de la misión Venus Express, la primera en casi una generación en visitar el segundo planeta del Sistema Solar y estudiar de forma exhaustiva su medio ambiente.
Venus Express es una sonda melliza de Mars Express, basada en el mismo diseño, aunque con más blindaje contra el calor y la radiación y menor superficie de paneles solares. De este modo se consiguió reducir el presupuesto y aun así disponer de una excelente sonda para el estudio prolongado de uno de los planetas más desconocidos en la actualidad. Hasta los años 60, se pensaba aún que bajo las densas nubes podía esconderse un ambiente húmedo y tropical, muy diferente de lo que revelaron las sondas soviéticas Venera.
El punto fuerte de Venus Express es precisamente el estudio de la metereología de Venus. La atmósfera de Venus está compuesta de dióxido de carbono, ácido sulfúrico, una pequeña proporción de agua (suficiente para cubrir el planeta con una lámina de 3 mm, en contraste con los 3 km que resultarían condensando el agua de la atmósfera terrestre y sumándola a la de sus océanos) y otros compuestos derivados de la radiación solar y los relámpagos, cuya existencia ha sido confirmada gracias a esta misión. Las condiciones en la superficie rondan los 450º Celsius y las 90 atmósferas, lo que, sumado a la lenta rotación del planeta, hace que la metereología de Venus sea particular tanto en el movimiento de circulación como en los estratos verticales.
Venus Express ha encontrado una capa de densas nubes de ácido sulfúrico entre los 40 y los 60 kilómetros de altura. En la mesosfera, entre los 60 y los 100 kilómetros, se produce una transición entre los vientos que rotan alrededor del planeta, arrastrando las nubes de ácido, y la circulación causada por la radiación solar desde el lado diurno, calentado fuertemente por el Sol, hacia el lado nocturno, donde los átomos separados de oxígeno se unen de nuevo en moléculas de O2 generando una fosforescencia fantasmagórica. En una ocasión la sonda detectó un aumento repentino y fugaz de la fosforescencia, cuya causa aún intriga a los científicos. Además, VE a observado con gran detalle el doble vórtice del polo sur.
Los análisis de Venus Express han permitido constatar que Venus, cuya masa y diámetro son muy similares a los de la Tierra, ha estado desangrándose del líquido vital, el agua, desde hace miles de millones de años. Los átomos de agua que llegan a la parte superior de la atmósfera son divididos en átomos y moléculas cargados eléctricamente y arrastrados por el viento solar en forma de plasma. Las mediciones del plasma han indicado una proporción de dos a uno del hidrógeno frente al oxígeno, es decir, en la misma proporción que el agua. Eso puede significar que en el pasado, en una edad temprana, Venus fue un planeta tan azul como la Tierra, pero la lenta rotación y la ausencia de procesos químicos y tectónicos que capturaran el dióxido de carbono en forma de rocas carbonatadas y lo enterraran bajo la corteza hizo que el efecto hibernadero aumentara sin control hasta convertirlo en el infierno actual.










Interesante.