“La Abraham Lincoln, a poca presión, avanzó prudentemente para no despertar a su adversario. No es raro encontrar en pleno océano unas ballenas profundamente dormidas, a las que se ataca entonces con éxito, y Ned Land había arponeado a más de una durante su sueño. El canadiense volvió a ocupar su puesto, apoyándose en el bauprés. La fragata se acercó sin ruido, paró la máquina a dos cables del animal y se dejó llevar por la fuerza de inercia. Nadie respiraba a bordo. Un silencio profundo reinaba en el puente. Nos hallábamos a cien pies del foco ardiente, cuyo destello crecía y ofuscaba la vista.”
– 20.000 leguas de viaje submarino, Jules Verne









