En España nos quejamos, y con bastante razón, de la pobre capacidad de expresión escrita de muchos alumnos, pero fuera no están mucho mejor:
The New York Times.- Alrededor de un tercio de los estudiantes de octavo curso en América, y alrededor de uno de cada cuatro estudiantes de último curso de instituto, son escritores competentes, de acuerdo a los resultados de un test nacional comunicado el jueves.
Puede que no seamos realmente conscientes del nivel escrito de esta generación, puesto que raramente los vemos escribir. Muchos dejan incluso el esfuerzo del correo electrónico por la comodidad de la mensajería instantánea, en cuyo escondrijo apenas queda constancia de lo que se escribe y la mala expresión se excusa por la inmediatez; excusa que, de hecho, es una falacia, pues quienes tienen confianza en el uso del lenguaje siguen expresándose mejor en un chat que los que no.
Si le preguntáis a alguien que trabaje a menudo con las palabras, os podrá decir que en estos días se está produciendo de forma silenciosa una extinción masiva. Incluso en los textos de registro culto se encuentran cada vez menos algunos términos que hasta hace poco gozaban de buena salud, por ejemplo: «colegir», «extático», «talega», «melopea», «deletéreo». Estas palabras caen en el olvido en favor de un sinónimo que hace de mínimo común denominador, lo que lleva a una pérdida de matices, un empobrecimiento de la capacidad de expresión, una mayor dificultad para expresar el yo interno y, con esta dificultad, una presión por expresarse a través de medios que a la larga pueden no satisfacer las necesidades comunicativas y provocar frustración personal y social.
Por si acaso no estaba ya meridianamente claro: la base de la sociedad es la comunicación, y la base de la comunicación es el lenguaje; sin lenguaje, pues, no hay comunicación, y sin comunicación no puede construirse ningún tipo de sociedad.









