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Información textual en la red

Presentar contenidos en la red no es fácil. Además de los retos tecnológicos, la profusión de recursos disponibles para presentar la información invita a olvidar la noción esencial de que una página de contenidos es sobre todo un “documento”.

La forma de ofrecer contenidos en la red ha evolucionado con el paso de los años. Al principio, las limitaciones de la tecnología, incluyendo los formatos y herramientas gráficas, las tipografías disponibles, la capacidad de los navegadores, los lenguajes para codificar y proveer de interactividad, el ancho de banda y el mismo hardware implicaban una pobre capacidad de presentación y que el contenido textual predominase sobre el contenido gráfico. Luego, con el progreso del medio y de la tecnología, crecieron las posibilidades de la página web como composición visual, el uso intensivo de la imagen y de otros medios para envolver la información e incluso convertir esta última en un elemento más de la “experiencia”. La red se convierte en un medio de intensa actividad comercial y, como tal, requiere atraer al lector esporádico. Los formatos populares, especialmente en las redes sociales, se apoyan en esa noción de la web como experiencia, como impresión. Los usos de la red se multiplican y van a menudo mucho más allá de la función documental. En ese sentido, no obstante, siguen teniendo un gran protagonismo los recursos basados en el contenido textual como Wikipedia, los manuales de software (Apache.org es un buen ejemplo), redes de noticias (Slashdot.org) o medios de comunicación transvasados de formatos impresos tradicionales (The New York Times). Para muchos de estos medios la imagen y el diseño artístico es accesorio o está supeditado a la información a la que se asocia; los usuarios de estos contenidos no acuden esencialmente por el placer de una experiencia visual, sino por la facilidad de acceso a un contenido de alto valor o interés intrínseco.

La técnica tradicional sigue viva

Actualmente el hardware y el software permiten la presentación de contenidos textuales con una calidad comparable a la transmisión impresa: disponemos de pantallas TFT/LCD con renderizado de subpíxel de las tipografías, un mayor espacio de trabajo y el ajuste más fino de los bloques de texto, nuevas tipografías “universales” más pulidas, un estándar HTML y CSS más rico, formatos como PDF optimizados para reducir la diferencia entre el papel y el soporte digital, etcétera. Todavía no se ha logrado dotarlos de unas características que permitan leer confortablemente durante un tiempo indefinido, pero sí permiten la lectura fluída de artículos o documentos de consulta. En este punto cobra importancia de nuevo la técnica tradicional. La realización del documento impreso, con medio milenio de historia, ha avanzado con el desarrollo de los métodos y técnicas que permiten que en la actualidad el papel siga siendo un soporte de mayor calidad que la presentación digital. Parte del camino que queda por recorrer aún requiere conseguir que los productores de software incluyan el soporte para características avanzadas como tipografías adicionales, guionado automático, o ajustes del espaciado y el tamaño de tipografía para textos justificados, pero el resto del avance ya está en manos de los productores de documentos digitales que deberían explotar al máximo las posibilidades disponibles para la presentación con calidad del texto antes de recurrir a los recursos gráficos, incluyendo:

  1. la selección adecuada de las tipografías, tamaños de letra y variantes;
  2. aprovechar el juego extendido de caracteres Unicode, así como los símbolos y figuras estandarizados dentro de la tipografía;
  3. valorar la estructuración del contenido mediante los elementos del formato, como cabeceras, tablas, listas, separadores y demás, y no considerarlos como una estructura del diseño desligada del contenido;
  4. valorar el texto como elemento de diseño en sí, no como si requiriera la asistencia del diseño gráfico para poseer valor estético.

La buena edición nunca falla

El usuario de la red que acumula cierta experiencia sobre distintas formas de presentar y recibir información textual tenderá siempre a favorecer, tanto con el tiempo como con la intensidad de uso, la eficiencia sobre la eficacia del mensaje, fuera de los casos en los que la comunicación visual realmente es útil (presentaciones, visitas virtuales, sitios promocionales, comercio, páginas de acceso, etcétera). También es importante la mejora en accesibilidad que se consigue cuando el acceso al contenido no está limitado por la capacidad de acceder también al diseño, y cuando el formato de los contenidos en la red sigue unos ciertos patrones elementales. Por último, aunque no en menor orden de importancia, hay que tener en cuenta el gusto en sí por el diseño basado en la textualidad, que para algunos usuarios siempre resulta más atractivo e interesante que la utilización intensiva o innecesaria de los recursos gráficos. El objetivo final es convertir el documento digital ante todo en una fuente de información que se transmita de forma eficiente al receptor, satisfaciendo la razón que llevó a este último a emplear la red como medio para adquirir conocimiento.

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