Hoy quiero invitaros a leer este artículo del amigo David Mateo, El sistema que nos ahoga. David tiene como diez órdenes de magnitud más conocimientos sobre los entresijos del mundo editorial que yo, así que todo lo que él dice vale su peso en oro.
Nos conviene prestar mucha atención a estos tiempos, porque algún día la gente mirará atrás y los señalará como el momento en el que la industria de la edición cambió de paradigma. En un sentido estricto, la impresión por demanda es el cambio más sustancial en el modo de distribución y capitalización de la literatura desde el mismo invento de la imprenta. Tanto el modelo de stocks como el de la gestión de los derechos de autor a través de la empresa editora desaparecen con la eliminación de las tiradas mínimas y de la necesidad de intermediarios con los puntos de venta.
Hoy mismo inauguran otro servicio de impresión por demanda al estilo de Lulu.com (creo que usan la misma imprenta en España): Bubok. Hace unos diez años, cuando recuerdo que empezaba a hablarse en serio de las posibilidades de la impresión por demanda, la sensación que flotaba en el ambiente era que no iba a ser viable a corto plazo, que la calidad del libro no iba a estar a la altura o el precio iba a ser poco competitivo. El otro día leí por ahí que Lulu estaba tirando unos cincuenta mil libros al año, lo cual suena muy bien si se tienen en cuenta los gastos marginales en almacenaje y distribución. Dos o tres conocidos me han enseñado libros editados en Lulu y el acabado supera fácilmente el de algunos pequeños editores; no hay que olvidar que la impresión por demanda puede permitirse alquilar máquinas mucho más caras y profesionales que el pequeño editor que utiliza la imprenta del barrio.
Tanto las limitaciones físicas de la distribución para la edición tradicional como la imposibilidad de que todas las editoriales especializadas necesarias para dar salida a todos los tipos de libros sean rentables son algo que difícilmente se puede cambiar. La solución pasa por trasladar la edición independiente a la plataforma de la impresión por demanda y disgregar el papel del editor tradicional. Los críticos serán los encargados de cribar entre las obras que se publican en IpD y los diseñadores, maquetadores, correctores y promotores pueden ofrecer sus servicios directamente al autor. Lo que antes eran las pequeñas editoriales puede transformarse en equipos que ofrezcan paquetes completos que tomen el manuscrito y lo dejen en las condiciones y posicionamiento ideales para explotar todo su potencial.
Con la suficiente adaptación, el modelo sería bastante parecido al actual, excepto que una vez confeccionado y publicitado el libro la editorial ya no interviene en la distribución y el ingreso de los derechos de autor. Incluso después de todo el proceso, el autor sigue teniendo todo el control sobre su obra y queda totalmente liberado de la lotería de tener éxito en las primeras semanas o no tenerlo nunca.

Rescato de Grumm este comentario de otro Carlos. Estoy de acuerdo con él en que lo que falla, sobre todo, es la distribución. Puedes tener gracias a Lulu o Bubok un libro de factura irreprochable, de igual a igual con uno de Siruela o Anagrama. Pero, al final, almacenaje aparte, el problema es su colocación, su visibilidad. Cualquier persona que haya hecho fanzines sabe de lo que hablo. Muchas veces, una distribuidora tan sólo es un hangar con un contestador automático. La autodistribución, con o sin vehículo propio, quita muchísimo tiempo, por otro lado. Un saludo.
“Carlos dijo…
Creo que tenéis razón. Yo soy editor de una editorial pequeña en Sevilla y creo que el primer obstáculo que nos encontramos es la distribución. Los grandes distribuidores se preocupan de las distribuciones de las grandes editoriales (que son las que más ganancias les dejan) y si eres pequeña editorial y con un catálogo chiquito ni te echan cuenta y no te distribuyen adecuadamente tus libros. Pero la solución creo que es buscarla en el modelo alemán: Que existan dos grandes distribuidoras y que puedan distribuir a todas las editoriales (grandes y pequeñas), porque así se evitaría la saturación de distribuidores y los libreros no se verían mareados con tantos libros y con tantos pedidos que les llegan.
Nosotros hemos buscado la solución de hacer la distribución nosotros mismos porque así podemos llevar nuestros libros a las librerías que pensamos que van a funcionar.”
El ejemplo no se aplica. En el modelo tradicional, el libro autodistribuido compite en un espacio físico común con el resto de negocios que forman la comunidad. Cuando entras en la calle, los libros no son automáticamente visibles. Tienes que ir físicamente a una calle particular a una tienda particular a una estantería particular para encontrar el libro autodistribuido.
En IpD, se crea una comunidad en torno a la empresa que produce el libro. Los lectores potenciales no tienen que desplazarse a ningún lugar para “entrar en la tienda”. Por crear un símil con la realidad, es como si el autor pudiera presentarse con su libro en medio de un acto multitudinario en la Fnac y enseñárselo a la gente. La facilidad para alcanzar a los lectores no tiene punto de comparación con la situación que afrontaban los fanzines, con la única excepción de que por la juventud del modelo esas comunidades aún no están plenamente desarrolladas.
En efecto, tanto Lulu como Bubok imprimen a través de la sevillana Publidisa.
Estoy de acuerdo con el último comentario por otra parte. El problema de la impresión bajo demanda es que el grueso de lectores es el que visita la librería más que determinados lugares de la red. Pero eso es ahora, y sería un poco ingenuo pensar que con el cambio tan grande que atraviesa el panorama editorial, eso se fuera a quedar como está.
Hey, Moisés. Vi tu libro ya en Bubok.
Yo también tengo uno preparado, pero tengo que sincronizarlo primero para que la avalancha de papeleos con Hacienda no se junte con otras obligaciones.
Sí, pasé todo el proceso de publicación para compararlo a fondo con Lulu, y para mi sorpresa el proceso está mucho mejor diseñado en Bubok (más intuitivo, más instantáneo, más ajax). Carece de algunas pocas opciones de Lulu, lógico pensando que está en beta. Pero por otro lado, tiene algo que Lulu no: papel color crema en vez de blanco inmaculado
(se puede elegir)
En precio base y gastos de envío andan a la par. Es lo único que me ha parecido un poco decepcionante.
Realmente si has hecho alguna prueba privada de publicación en Lulu te va a servir el mismo material para Bubok. Sólo cambian algunas medidas.