De un texto introductorio a la crítica del teatro de Shakespeare de Ángeles de la Concha, citando a Montrose y hablando del neohistoricismo (un movimiento crítico vinculado con el posmodernismo y la visión de la cultura como un conjunto de influencias, en el mismo espíritu que el arte Pop):
[…] sus exponentes se han erigido rápidamente en la nueva ortodoxia académica y su fulminante ascenso en la misma, con el prestigio y la autoridad consiguientes, les ha hecho partícipes de las prácticas de poder en principio objeto de su crítica. […]
También la ignorancia o, sencillamente, el menosprecio de otras instancias disidentes de las suyas y la apropiación, haciéndolas pasar como originales y propias, de aportaciones previas en la misma línea realizadas por otros colectivos críticos y académicos […]
Otra de las críticas que Montrose recoge es la ausencia de un programa intelectual o un paradigma interpretativo sistemático […]
Uno de los rasgos más cuestionables de algunos movimientos supuestamente subversivos de la segunda mitad del siglo XX es la facilidad con la que, en vez de establecer unos límites prácticos para su utilidad y campo de acción, van tan lejos como pueden hasta proponerse a sí mismos como sistema ideal a pesar de que, en teoría, reaccionan contra las ideologías monolíticas anteriores. La misma naturaleza deconstructiva de los sistemas basados en la subversión los convierte en una pésima ideología para ejercer el poder, pues su tendencia a atacar de forma sistemática todas las propuestas coherentes que puedan surgir como alternativas a su posición resulta catastrófica combinada con un poder dominante.
La única diferencia con el pensamiento monolítico anterior es que, al no tener un programa intelectual claro y concreto, se inmunizan o tratan de inmunizarse contra el riesgo de ser rebatidos. En biología o en aplicaciones de la teoría de juegos se puede comparar con el polimorfismo como estrategia de supervivencia a las agresiones del medio. El problema del polimorfismo es que sólo sirve para los virus o para los «prisioneros» que tratan de explotar el sistema eludiendo su capacidad de autorregulación. Un organismo que necesite alcanzar una adaptación óptima y ecológica con el medio tiene que ser capaz, sin perder la variabilidad y la habilidad para la metamorfosis, de emplear estrategias constructivas y adquirir formas con propósitos concretos.
En el caso de la literatura y de la crítica, la mejor forma de contribuir al conjunto es proponer todo análisis de la realidad y de la obra a partir de hipótesis concretas que, si es necesario, se puedan contrastar, rebatir o modificar. El autor puede «fabricar» puntos de vista sin comprometerse (si no lo desea) mientras deje clara su capacidad de metamorfosis, de producción de pensamiento alternativo, y su intención de contribuir a la comprensión de la realidad tratando de no dejar ninguna forma posible sin considerar.
