Leyendo un artículo de Jonathan Bailey sobre su experiencia al tratar de conseguir un disco de su grupo favorito y una entrada en el blog de David de Ugarte sobre cómo reducir el precio de los libros me acordé de algunas notas que tomé hace semanas sobre el coste real para el consumidor de comprar un libro o un disco publicado a través del modelo tradicional.
Aunque no te des cuenta, si una tarde de sábado decides salir ir a buscar un libro estás invirtiendo:
- Entre media hora y dos horas de tiempo para ir y volver de las tiendas. Por ponerle un precio al tiempo, digamos que cada hora perdida equivale a 6€.
- Si vas a llamar a las tiendas para preguntar si tienen el libro, el coste en tiempo y llamadas. Si no, el coste en tiempo de buscar en las estanterías y en varias tiendas. A partir de 3€.
- Si no vas a pie o en bicicleta, el coste del transporte. A partir de 2€.
- Pagas también la comisión de la tienda y del distribuidor que ha llevado una pila de ejemplares, aunque no se vayan a vender todos (el efecto pila es importante cuando se vende el libro en mesa). A partir de 2€.
- Pagas los costes añadidos que el editor calcula para los ejemplares que no se venderán y habrá que almacenar, destruir o saldar. Esto puede variar pero por poner una cifra digamos 0,75€ por libro.
Imaginad el desafortunado caso de Filomeno Escribano, que no vive encima de una librería y, como no le interesan los libros que los editores han «decidido venderle», tiene que invertir media hora en encontrar uno que le apetezca leer.
Para tener su libro, Filomeno Escribano ha cargado con un sobrecoste de:
- 12€ por el tiempo perdido en ir y volver.
- 3€ por el tiempo empleado en localizar el libro.
- 2€ en billetes de transporte público.
- 2€ para pagar al librero y al distribuidor por llevar el libro hasta la tienda.
- 0,75€ por el exceso de tirada.
En total: 19,75€ de coste añadido. En la siguiente ocasión, Filomeno Escribano, ya escarmentado, decide comprar el libro directamente a través de Internet a un autor adscrito al modelo de impresión por demanda. Esta vez, Filomeno Escribano paga un coste añadido de:
- 1,5€ por el cuarto de hora que le cuesta encontrar el libro y encargarlo.
- Unos 0,15€ de conexión a internet y electricidad durante ese tiempo.
- 5€ de portes de mensajería.
En total: 6,65€ de coste añadido.
Esa es la razón más vergonzosa para la industria del auge de la piratería. Aunque la gente no vaya haciendo cuentas, percibe de forma instintiva la ineficiencia del modelo actual y rechaza pagar un coste añadido que es un 300% más elevado que el de la producción y la distribución ajustadas a la demanda. Por eso, cada día que pasa sin que la industria se adapte al nuevo modelo el valor de la cultura se deprecia un poco más y resulta más difícil convencer a la gente de que patrocine la cultura.

Esas cuentas están tan traídas por los pelos que es difícil tomárselas demasiado en serio.
Los supuestos “costes de distribuidor” y “exceso de tirada” están incluidos en el precio del libro, si o si, puede que algunas librerías virtuales hagan descuentos sobre el precio del libro, pero lo hacen sobre sus teóricos beneficios, no sobre el precio, que siempre va a ser fijo, al que les dejan el libro a ellos (no cuesta lo mismo el alquiler de un local en una calle céntrica y bien comunicada que una nave industrial en un polígono, así que los gastos son menores y se pueden asumir con menores ingresos)
Se supone además que el tiempo del comprador siempre es productivo. Falso. El comprador nunca deja de ganar ni invierte seis euros la hora cuando pasea, lee o sencillamente holgazanea, por no hablar de que generalmente se planifican esos desplazamientos para otras compras y gestiones. ¿Qué durante ese tiempo podría estar ganando dinero fregando escaleras? Si, y también perdiéndolo en una tragaperras. No me parece un factor que se pueda tomar en cuenta.
Si el tiempo libre que compra con su trabajo se malgasta, la cantidad de ocio a la que equivale la cantidad de trabajo que realiza es menor y el valor de su trabajo se devalúa.
Cobra lo mismo, pero cobrando lo mismo compra menos tiempo libre, en consecuencia ha perdido capital.
Por otro lado, al menos como lo tengo entendido, el “sumergimiento” de algunos costes es una ficción que crea el precio fijo. Por ejemplo, un libro con 15€ como precio final de venta tendrá que venderse a 15€ tanto en la librería de calle (incluida la distribución y el exceso de tirada) como si está en una tienda online bajo IpD. Es decir, el verdadero gasto de distribución (la mensajería) acaba poniéndose sobre un precio ideado para cubrir los gastos de la edición tradicional.
El editor que juegue a dos bandas estará obligado por ley a inflar el precio del libro con distribución por demanda para que el libro con distribución a librerías no deje de ser rentable. Si se descuentan primero los costes de distribución y exceso de demanda, el precio final del libro sería, por ejemplo, 13€ más gastos de distribución (y sin gastos de exceso de tirada). Al llevarlo a la distribución tradicional, el precio seguiría siendo 13€ con gastos de distribución y de exceso de tirada.
En un caso en el que no se aplica la ley, por ejemplo, para dos libros que sean idénticos en todo excepto en el contenido y que se distribuyan cada uno únicamente por uno de los dos sistemas, el coste del libro de IpD es 13€ más el gasto de mensajería, mientras el tradicional es 13€ más gastos de exceso de tirada más gasto de distribución más gasto de almacenaje más gastos de desplazamiento del cliente.
Sobre el precio fijo y las librerías virtuales en el blog de J. A. Millán.
Urmmm, ese planteamiento de la compra/venta de tiempo no es correcto.
Mi tiempo es mío, en propiedad, no tengo que “comprárselo” a nadie. Sin embargo, si puedo “venderlo”, además en un paquete, en el que suelen ir incluidos fuerza física, talento y conocimientos, a un tercero.
El resto del tiempo me sigue perteneciendo, y puedo usarlo en lo que considere oportuno.