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«Blog» en español

«Blog» no es una palabra confortable. No sólo porque la terminación no es natural en la fonética española, sino porque resulta blanda y ambigua. En teoría, todas las series de anotaciones de ideas, referencias o sucesos hechas con relativa inmediatez, incluyendo, entre otras, «bitácora», «diario», «confidencial», «registro», «cuaderno de notas» y «repertorio», pasan a denominarse «blog» si se publican en la red. Lo cual supone una anomalía semántica.

Mirad una de las acepciones de «repertorio»:

3. m. Libro abreviado, índice o registro en que sucintamente se hace mención de cosas notables y otras informaciones, remitiéndose a lo que se expresa más latamente* en otros escritos.
*extensamente

Si tenemos un repertorio y le añadimos a la definición el rasgo (sema) +en la red, no hay duda de que se trataría de un blog como Boing Boing:

3. m. Libro abreviado, índice o registro, publicado en la red, en que sucintamente se hace mención de cosas notables y otras informaciones, remitiéndose a lo que se expresa más latamente en otros escritos.

Así pues, «repertorio» (o cualquiera de las otras palabras) es por un lado más genérico (hiperónimo) que «blog» al no incluir el sema +en la red. Por otro, es más específico (hipónimo), al incluir semas de formato y contenido. «Blog» no puede ser hiperónimo de «repertorio» porque no todos los repertorios están en la red. Y «repertorio» no podría ser hiperónimo de «blog» porque no todos los blogs son repertorios. El blog original era una selección de contenidos notables de la red y, por lo tanto, hipónimo de «repertorio». Sin embargo, se tomó la parte de «registro cronológico en la red» y se acabó aplicando a todo lo que tuviera ese formato.

En el español, la adopción del extranjerismo en vez de un término patrimonial pudo estar favorecida por la falta de un hiperónimo que fuera percibido como tal (como en el caso de «log» en inglés). Por ejemplo, para {águila, gorrión, vencejo, pelícano, …} tenemos el genérico «ave», que es de uso muy común. En cambio, hasta hace poco no había muchas situaciones en las que la gente necesitara referirse a {repertorio, bitácora, diario, confidencial, registro, cuaderno de notas} de forma genérica, por lo que no había ninguna palabra que sonara convincente como traducción de «blog».

Elegir uno para abarcarlos a todos, tanto si están en la red como si no, podría resultar ambiguo, ya que cada uno posee connotaciones diferentes: +sobre navegación, +sobre informaciones notables, +sobre vivencias personales, +formal. Sin embargo, es posible que la acepción de «diario» que se aplica a este caso se encuentre en una situación especial:

Estaréis de acuerdo conmigo en que, con tantas alternativas digitales, no parece probable que quede mucha gente escribiendo a mano diarios personales. ¿Recordáis la última vez que oísteis hablar acerca de ellos? En comparación, hay millones de personas manteniendo alguna variante de «blog» sobre sus actividades recientes. Se podría decir, por lo tanto, que esa acepción de «diario» se está volviendo arcaica. Muchos de los que tengan 18 años o menos apenas deben de ser conscientes de la popularidad y trascendencia que llegaron a tener los cuadernos confidenciales.

Hace cinco años, nadie quería llamar «diario» o «diario de red» a su blog porque, a nivel coloquial, tenía una connotación muy fuerte como sinónimo de confidencial. En consecuencia, publicar en la red algo a lo que llamabas diario se tenía casi por un acto de exhibicionismo. Sin embargo, habiendo desaparecido casi por completo del habla cotidiana la mención de los diarios tradicionales, las connotaciones de esa acepción se van diluyendo con el paso del tiempo. Teniendo en cuenta que las acepciones y palabras que caen en desuso a menudo se envuelven en un aura culta o de prestigio, si uno define hoy su «blog» como «diario» puede que las implicaciones sean no sólo más positivas que las que habría tenido hace cinco años, sino más incluso que el concepto ya no tan fresco y lustroso de «blog».

Puesto que las connotaciones se han debilitado, la palabra «diario» en este contexto se acercaría mucho a la función de un hiperónimo. De hecho, siempre ha sido un término genérico para un cierto rango de posibilidades: «diario de actualidad», «diario de a bordo», «diario de sesiones», «diario de viajes», «diario secreto», «diario de eventos». Lo único que impidió en su día su uso como forma genérica de {repertorio, bitácora, confidencial, registro, cuaderno de notas} fue la fuerte connotación que tenía, en algunos sentidos incluso peyorativa, como registro privado de vivencias personales.

Supongamos, por lo tanto, que el hiperónimo «diario» pudiera usarse para incluir todo lo que llamamos «blog». Tendríamos que:

1) diario + estilo/contenido → {repertorio, bitácora, confidencial, cuaderno, …}
2) {repertorio, bitácora, confidencial, …} + en la red → {blog, [neologismos]}

El «Web log» tradicional, o bitácora en la red, sería: diario + registro de navegación + en la red. Salvo que seas capitán de barco, en la mayor parte de contextos no sería necesario añadir «en la red» a «bitácora».

El típico blog de rarezas y noticias notables a modo de repertorio sería: diario + anotaciones que remiten a informaciones + en la red. Se podría denominar repertorio o magacín. Los magacines también se publican de forma cronológica, tratan sobre temas misceláneos y se suele tener acceso inmediato sólo a los contenidos (números) más recientes. Si tuviera una línea editorial o temática fuerte, sería una «revista».

El típico blog personal, o confidencial en la red, sería: diario + confesiones + en la red. «Confidencial» a secas, sin añadir «en la red» se entiende en los contextos en los que puedas hablar de él; es decir, cuando le hablas a alguien de tu confidencial, suele ser porque es público y accesible.

Un blog que contiene crónicas, informes, novedades, etcétera, es un diario en el sentido genérico de la palabra. Recordad la época en la que cualquiera con acceso a una imprenta y algo de presupuesto publicaba su propio diario para reflejar sus convicciones políticas, ideológicas, etcétera. En los pueblos y regiones rurales también se publicaban diarios de ámbito local, y en las áreas industriales se publicaban diarios dirigidos específicamente a los trabajadores, a menudo con una línea editorial muy personal.

Si me permitís ponerme en plan semántico aburrido, explicaré qué es lo que está fundamentalmente equivocado sobre la palabra «blog».

Lo habitual es que las palabras que incluyen un sema no esencial se usen sólo en circunstancias en las que ese sema es relevante. Imaginad que la palabra «bayo», que se suele aplicar de forma indistinta a todos los caballos de color blanco amarillento, se usara siempre en vez de «caballo». Tendríamos, por un lado, los «caballos», que serían todos los caballos que no son bayos, y los «bayos», que no serían «caballos» a menos que uno fuera tiquismiquis.

Ciertos semas (por ejemplo, la raza de un caballo) tienden a ser más relevantes que otros (el color). Cuando se establecen distinciones dentro de una categoría, se suele empezar por los primeros («percherón», «pura sangre», «árabe», «andaluz») porque son más cercanos al hiperónimo que los segundos («bayo», «pardo», «negro», «bragado»).

Sin embargo, tenemos «diarios» (todos los diarios que no son blogs) y «blogs» (ciertas clases de diario en la red) que nadie llama «diario» a menos que sea pedante, a pesar de que el sema +en la red no es específico, pues se aplica a la música, al vídeo, a los artículos, a los papeles científicos, a la poesía, a los cuentos, etcétera. Cuando dices: «tengo un registro de información reciente que está en la red» (blog) nadie sabe si tienes un diario personal, una bitácora de páginas interesantes, una página de reseñas de tecnología, los poemas que vas escribiendo… lo único que saben es que: a) está en la red; y b) escribes en él casi todos los días.

En cambio, si dices «tengo un registro de información y hechos notables con referencias a las fuentes» (repertorio), no sabrán si lo tienes en la red o en papel, pero se harán cierta idea sobre de qué se trata y qué propósito tiene y, por lo tanto, si les interesa o no.

La única forma en que «blog» podría asentarse como hiperónimo sería que, por su extensión de uso, perdiera el sema +en la red. En la analogía anterior, todos los caballos pasarían a llamarse «bayos» y, en nuestro caso, todo se llamaría «blog», esté en la red o en papel y trate sobre noticias o sobre tu música favorita. Desde ese punto en adelante, tendríamos un obstáculo adicional para comprender los testimonios de la gente que vivía en la época en la que esas publicaciones todavía se llamaban diarios.

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