Como muchos sabrán, en España la copia y distribución de obras culturales a las que se ha accedido legalmente no es ilegal cuando se hace a título no lucrativo. Las sentencias suelen entender por «acceso legal» el bajarse la obra de la red aun sin tener el producto original. Es como si la forma de distribución más restrictiva que el productor puede elegir para la obra fuese una Creative Commons Atributiva, No comercial, No derivativa. Por lo tanto, cuando el productor de una obra cultural intenta venderla, nadie está obligado a comprársela si puede obtenerla por otro canal de distribución. El único que tendría que pagar por la obra sería el primero que fuera a redistribuirla de forma no lucrativa. En la práctica, el productor sólo tiene control sobre las condiciones de distribución para «embargar» la obra y sus derivaciones antes de que se hagan públicas.
Suponiendo que el modelo actual, el cual, siendo sinceros, depende más que nada de la caridad del público y las instituciones, no fuera sostenible, todo el peso de la financiación de la producción (porque producir cultura puede llegar a resultar muy caro) recaería sobre el período de embargo. Dentro de veinte años, por ejemplo, uno en vez de cobrar a cada lector por leer su novela, cobraría un «rescate» a cambio de liberarla. Por supuesto, eso crearía algunas situaciones incómodas.
Imaginad que en una hipotética web en la que se recaudara la financiación para publicar las obras, Dan Brown anunciara que el precio para una próxima secuela de El código Da Vinci es de 10.000.000€. ¿Qué opinión os merecería eso? Aunque por alguna razón sea tabú comparar las artes con otros tipos de trabajo, pensad que un currante del sector de la construcción cobra en torno a 20.000€ por un año de trabajo, que es más o menos lo que se tarda en escribir un libro con un acabado decente. Está claro que crear una obra puede requerir mucha más formación y cualificación y conlleva más riesgo: mientras que a los 18 se puede empezar a trabajar en la construcción, un creador puede tardar hasta diez años más en adquirir los conocimientos y las habilidades esenciales (o en descubrir que carece de estas últimas). Sin embargo, ¿valen ciertas obras 500 veces más que el trabajo de un obrero?
La imagen que tenemos de los autores de best-sellers, los músicos pop y los productores de cine palomitero no es la de genios capaces de aportar toneladas de valor añadido a la cultura. Peter Berg no debería haber tenido ni la mitad de presupuesto para Hancock que Alfonso Cuarón para Hijos de hombres. Pedro Guerra tendría que haber ganado por Hijas de Eva lo que Shakira se llevó por Pepsi Single. Y es bastante discutible que Carlos Ruiz Zafón vaya a obtener por El juego del ángel una remuneración varias veces mayor a la de Juan Luis Arsuaga por El mundo de Atapuerca.
¿No os parecería correcto que los creadores tuvieran que negociar de antemano con el público para producir y liberar las obras? La diferencia más importante entre ambos modelos sería que el creador no podría ir ingresando conforme la obra se difunde y se hace publicidad a sí misma, pero ese papel lo podrían hacer las obras anteriores ya liberadas. Si la cultura se produjera de ese modo, ¿cuál creéis que debería ser el «salario» medio de un escritor, un fotógrafo, un músico y un cineasta?










Variable en función de objetivos. Tal cual es. Dependiendo del interés que suscite. No pocos artistas deberían pagar por dar la lata, y algunos, con penalización.
Por cierto, en desacuerdo respecto a Shakira, ya le gustaría al Guerra batir el culo (y cantar) tal cual nuestra Shakirita.