Hoy me encontré con un artículo rebelde de una coetánea en The Guardian:
[…] hay una pequeña pero firme corte de jóvenes novelistas británicos, como Joe Dunthorne y Sue Fletcher, que están produciendo una prosa brillante, pero que están volando ligeramente demasiado por debajo del radar para ser mencionados en la misma frase que escritores literarios más establecidos.
[…] es también descorazonador percibir hasta qué punto McEwan y su corte (Barnes, Ishiguro, Amis - la cuadrilla habitual) continúan dominando las estanterías y el discurso en lo que concierne a discutir literatura británica contemporánea.
Normalmente como lector tengo un punto ciego para las mesas de novedades, así que si os confieso la verdad no podría decir si lo mismo sucede en España. Además, vivimos inundados de traducciones ―que no tiene nada de malo―, por lo que, de hecho, no es raro ver aquí también pequeños stands llenos de libros de Murakami.
Así que me he ido de garbeo por los archivos de alguna sección cultural a cazar nombres y, quitando las menciones a los fallos de los premios literarios, que son una cosa muy coyuntural, los que he encontrado muy por encima son: Eduardo Mendoza (2), Almudena Grandes, Miguel Delibes, Carlos Fuentes, Rafael Chirbes, José María Merino, David Trueba, Rafael Azcona (2), Carlos Ruíz Zafón (2), Adolfo Bioy Casares, Bernardo Atxaga, Ildefonso Falcones, Javier Corcobado, Agustín Fernández Mallo y Juan José Millás.
Como no es un ejercicio muy científico, se puede decir que yo al menos no he tenido suerte en encontrar artículos dedicados a autores de los 70 a esta parte. Es evidente que, bajo estas condiciones, un 0 de 18 no tiene por qué ser representantivo, pero asusta.

