Los pasados días he estado haciendo las últimas correcciones a una historia sobre inmigración en el Estrecho que de momento ha pasado ya la preselección para la antología Visiones 2006. En ella he tratado de plantear una realidad no demasiado distante en la que la situación se ha invertido y somos los europeos los que tratamos desesperadamente de entrar en África.
Desde que empecé a trabajar en este cuento, el noviembre pasado, y como consecuencia de tener que investigar un poco sobre varios temas, me ha sucedido algo peculiar: he desarrollado de algún modo una especie de sensibilidad especial hacia cualquier noticia o información sobre este drama humanitario, y me he encontrado así con sorpresas no precisamente agradables como descubrir -entre comillas- que el problema de las pateras sólo tiene quince años, aunque para la mayor parte de la gente, y supongo que el caso será todavía peor entre mi generación, sea algo que parece haber existido desde siempre.
De modo que, cuando este mediodía, después de sentarme a comer y ver el segundo capítulo de una serie de la BBC sobre la carrera espacial (por cierto, absolutamente imprescindible), empecé a hojear el suplemento dominical y vi que incluía un reportaje sobre un rescate de Salvamento Marítimo, hice una pausa antes del café, apagué la televisión y me puse a leerlo palabra por palabra. Ese reportaje lo podéis leer aquí y, si encontráis un par de minutos libres, me gustaría pediros que lo leyérais. Me he quedado, sobre todo, con estas frases de uno de los miembros de la tripulación:
–No es miedo, este trabajo es un riesgo asumido. Lo hicimos la semana pasada y lo haremos la próxima. Son ganas de que todo pase. La preocupación es rescatarles con vida y llevarles a puerto. No piensas en ti, sino en ellos. Cómo están, cuántos son; si hay heridos, si hay niños. Miedo a que se aplasten, a que se caigan. Y si se ahoga uno no te lo perdonas: “Si hubiera hecho esto o lo otro a lo mejor estaría con vida”
Aunque esto es algo que espero que podáis descubrir antes de fin de año gracias al Visiones, os invitaría a imaginar ahora mismo cómo sería si estuviérais en la situación de cualquiera de esas personas que, empujadas por la desesperación y el engaño de las mafias, terminan embarcándose en un viaje que la mayor parte de las veces termina en el fondo del mar. También eso es especular sobre el futuro, seguramente con más fundamento que hablar de aventuras y maravillas. Porque, después de todo, no hace tanto que nuestros abuelos tenían que emigrar fuera de España para encontrar un trabajo y unas condiciones de vida dignas, y lo mismo podría volver a suceder mañana.