Merece la pena verla, aunque sea para preguntarse cómo una película tan mala puede funcionar tan bien. Quizá sea por la sencillez del escenario, o el manejo del ritmo, o la combinación de personajes dispares en un espacio claustrofóbico. O porque los zombies son tan cutres que inducen la “suspensión del criticismo”.
Sea como fuere, veremos si Francis Lawrence toma nota para “Soy leyenda“.
