Después de algún incidente surrealista con la centralita y mi buzón de voz, y gracias a la intrépida mediación de los mensajeros, que lograron atravesar la sucesión de trampas, obstáculos y laberintos en que los constructores han convertido el barrio, he recibido hoy el primer ejemplar de 2032 para la corrección de pruebas:

Nótese que la cámara de mi móvil intepreta los colores como quiere: en realidad el color naranja es vivo y el fondo es gris.





Dejando de lado lo emocionante que es tener por primera vez el libro en forma de objeto tangible, me ha gustado comprobar que la calidad de la impresión cumple con lo que se puede pedir de la impresión por demanda. La cubierta es de tipo lustre y tiene un gramaje similar al de los bolsillos de Minotauro, y aunque es más típica para manuales que para textos literarios, es suficiente para el fin que persigue, que al fin y al cabo es publicar el libro en tapas blandas.
Aunque temía que aparecieran gremlins al diseñar la portada en RGB antes de pulirla en CMYK, el resultado es el que esperaba. Sin embargo, la Garamond a 10,5 puntos y 105% de interlineado es una tipografía demasiado ligera para el formato A5 y demasiado formal para la ciencia ficción. También creo que el número de página quedará mejor con alineamiento a derecha e izquierda. Con el libro en la mano es más fácil entender hasta qué punto fiarse de los resultados en mi impresora.
Todavía no tengo fecha de publicación, pero la edición digital estará disponible antes que el libro impreso. Estos días estoy leyendo montones de modelos de licencias y componiendo mis propias versiones para tratar de hacerme una idea de qué términos serían mejores para todo el mundo. Por desgracia, las licencias para obras artísticas y, en particular, para obras literarias, están muchísimo más verdes que las licencias orientadas al software.


