Aunque, como cualquier bloguero, he aceptado de buen grado la filosofía de la Web 2.0, no soy un fan del estilo que se asocia con ella. No estoy en contra de él; el nuevo diseño, que quizá tiene que ver más con la decoración que con la transmisión de ideas, le ha dado a la red un aspecto más relajado, dinámico y divertido. Mi sensación subjetiva es que favorece la conectividad y el desplazamiento, el seguimiento de puntos de referencia visuales (enlaces, ergo publicidad) en vez de retener la atención de una forma más reflexiva en la información que contiene.
A modo de experimento, se pueden probar desde la página de inicio los dos estilos del blog y comparar las sensaciones que producen. El estilo Web 2.0 es más diáfano y la vista se desliza rápidamente hacia los elementos interactivos, saltando los bloques de texto. El Old Style es más sosegado y la mirada se queda en el principio de los párrafos.
La PubliWeb 2.0
Para mí, la diferencia de implicaciones más profundas entre la Web 1.0 y la Web 2.0 ha sido el salto cualitativo en el negocio de la publicidad. De pronto había mucho dinero para repartir y poca capacidad para producir contenidos que se integraran de forma orgánica en los flujos de la red (buscadores, grupos de discusión, páginas personales). Esto es, posiblemente, lo que ha definido la apariencia de la Web 2.0: llevar a las masas que alcanzan una web desde el buscador del que provienen hasta la publicidad en los escasos segundos que permanecerán en ella, así como motivar a los miembros de las redes sociales a producir (necesario para atraer más gente) antes que a adquirir información (una actividad espúrea para el anunciante). No pretendo criticar el negocio detrás de la red. La existencia de dinero para financiar un medio de información es siempre una bonanza para los productores profesionales y aporta la energía necesaria para el progreso. Pero cuando, por influencia de su modelo funcional, afecta a partes del medio que deberían aportar sus propias soluciones independientes, es el usuario el que termina perdiendo.
Los principios
Por eso, todas las fuentes cuya razón de ser es transmitir algún tipo de idea, información o pensamiento, deberían apartarse del planteamiento «¿cuál es el modelo de la web?», y partir de «¿cuál es el modelo para mi mensaje?». Si tu valor está en el contenido, no tiene sentido que invites a los navegantes a evitarlo.
En el pasado, el mundo editorial dependía mucho de capturar el interés intelectual de los lectores más que fomentar la compra compulsiva, puesto que no se editaban tantos ejemplares ni se distribuían de la misma forma. Debido a las limitaciones de la tirada y de producir planchas para grabados, el objetivo del editor era captar al lector con el valor semántico de las palabras que se destacaban en una cubierta exclusivamente textual.

En la Web 2.0, los elementos destacados son símbolos gráficos o etiquetas, palabras sueltas. Eso quiere decir que ya no es posible enlazarlos gramaticalmente en un mensaje. Los «atractivos» de la página y el contenido están claramente separados. La portada anterior, en la actualidad, habría dicho «Category: History, Adventures. Tags: Joseph Andrews, Mr. Abraham Adams, friends. Seen in: El Quixote. Author: A. Millar. Printed: MDCCXLII. Volumes: [1], 2». Al presentar el mismo mensaje de forma relacional deja de tener significado por sí mismo, invita a buscar con qué tiene que ver en vez de qué contiene.
Aun si todo lo anterior puede resultar especulativo, hay algo que debería resultar evidente: no tiene ningún sentido que la red actual —la que se escribe y diseña ahora— se defina con un único estilo. El estado natural de la red, como el de cualquier otra forma de medio con potencial tanto artístico como informativo, es la multiplicidad de estilos, y no de forma aleatoria, sino cada uno conforme a un objetivo particular. Lo contrario es un ejemplo de carencias y de falta de visión alentado por el (d)efecto de imitación.

Para leer una reseña completa de esta novela, os recomiendo 