Esta casa tiene, como todas, puertas de acceso y puertas interiores que dan paso de una estancia a otra. Casi todas las puertas de entrada, por las que se llega a esta casa, son conocidas, algunas enormes, como las novelas de la Edad de Oro (Isaac Asimov, Arthur C. Clarke, Robert A. Heinlein…), otras más lujosas pero más estrechas (Ray Bradbury, Aldous Huxley, Anthony Burguess). Cada estancia es un micromundo propio: ciberpunk, steampunk, ópera espacial, aventuras planetarias, hard, historias de marcianos. Hay historias que permanecen dentro de los límites de su habitación; unas mirando hacia el interior (las óperas de toda la vida), otras atisbando hacia paisajes distintos por una ventana (el steampunk). Algunas se mueven entre ellas, llevándose un poco de cada una (la new wave).
Sin embargo, se sabe —se oye, a veces, a través de las paredes— de la existencia de ciencia ficción que no está hecha por nadie de los que entran a través de estas puertas. Y el plano de la casa puede que sea tan lovecraftiano que quizá no haya, todavía, un acceso interior que conecte con esas habitaciones extrañas.
¿Tiene la casa una puerta trasera que da acceso a una parte de la ciencia ficción hasta la que no se puede llegar de otra forma, sólo desde fuera? Por ejemplo, ¿cómo habría escrito Hemingway una guerra espacial? ¿Y si Nabokov hubiese trasladado al futuro su Lolita, sin sacrificar ninguna de sus virtudes? Imaginad que Dostoievsky hubiese puesto en manos de su jugador el casino más grande de la galaxia.
Pero claro, los vecinos miran con prejuicios esa puerta trasera. Esta puerta, desastrada, oxidada, en la sombra, pese a que da justo a la avenida principal. Y para el resto, si se trata de entrar a algún lugar, ¿para qué meterse en la casa de la ciencia ficción, donde se mira mal a los que llegan por la puerta trasera? Si es un estilo para el gusto general, ¿por qué usarlo en un tugurio que le da la espalda a la gran avenida? Si es una historia sobre problemas reales de nuestro tiempo, sobre personalidad, sobre conflictos de la gente de hoy, ¿por qué hacer fantasía con ello?
No me entendáis mal. Estoy seguro de que, aunque la ciencia ficción aporte libertad y todo un mundo de nuevas posibilidades, en general trae más complicaciones que contar una historia real en un escenario real. Pero, dejando de lado las comparaciones, estoy seguro de que ese espacio existe, de que hay estancias ocupadas sólo por tres o cuatro autores, de que hay una ciencia ficción que está por escribir. Y, ¿cuándo dejó la ciencia ficción de ser el género de los exploradores? Si se trata de hacer algo nuevo, algo radicalmente diferente, no hay más que tener un simple principio en cuenta: la realidad es la contracultura de la ciencia ficción.