A las 7:41 de hoy, hora española, la sonda Smart - 1 se ha estrellado de forma controlada contra la Luna. Para la mayor parte de la gente —y en España más, en medio de la euforia baloncestística— es un acontecimiento insignificante. Pero en realidad, y no hace falta ser un lumbreras científico para entenderlo, representa el final de un paso crucial para la exploración del Sistema Solar. Smart - 1 era una sonda pionera en su clase, al utilizar un motor iónico como sistema de impulsión. A diferencia de los cohetes clásicos, que confían su desplazamiento en expulsar en poco tiempo grandes cantidades de masa a velocidades relativamente bajas, el motor iónico expulsa en periodos muy prolongados una masa minúscula a velocidades altísimas. Para ilustrarlo gráficamente, es como la diferencia entre el retroceso de lanzar una vez una gran roca a poca distancia y el retroceso acumulado de disparar muchas balas de pequeño calibre. Como en el vacío espacial la resistencia del medio es prácticamente inexistente, este impulso se va sumando hasta conseguir velocidades asombrosas con muy poco propelente. De hecho, Smart - 1 ha recorrido 100.000.000 km con sólo 50 kilos de propelente. El día que una sonda logre llegar a la estrella más cercana es altamente probable que su motor sea iónico.
Ahora sólo falta saber si el impacto ha conseguido revelar datos nuevos sobre la superficie lunar, incluida la posible existencia de agua o del valioso helio - 3, un combustible para la fusión nuclear. El mejor lugar para seguir las novedades sobre el final de la misión es, por supuesto, el Portal ESA, donde ya se pueden ver fotografías tomadas por la sonda durante los últimos días a muy baja altura.