En el capítulo más breve de Mientras agonizo, el pequeño Vardaman Bundren explica la muerte de su madre de este modo:
My mother is a fish.
Vardaman sólo conoce la muerte por los peces que pesca. Su descripción no es una fantasía, es la representación más precisa que puede hacerse de lo referido desde ese marco de referencia. La mayor parte de la gente no llegaría de forma espontánea a esa analogía concreta; sin embargo, en tanto el marco de referencia en el que se inscribe sea posible, esa forma de trasladar el referente en experiencia está tan contenida en él como, y es funcionalmente equivalente a, My mother is dead, My mother is gone, etcétera. La diferencia, no obstante es que para el lector normal el proceso expresivo se invierte y, mediante la metáfora, el autor transporta al lector al marco de referencia metarreal. El recurso es tan económico y elegante que no extraña que un capítulo de solo cinco palabras pueda contener tal explosión de connotaciones.
Cosas como esta me impresionaron profundamente cuando leí Mientras agonizo por primera vez. Lo más extraordinario es que, mientras un verdadero recurso mágico requiere la suspensión de la incredulidad, el efecto sugestivo de la imaginación de esta clase de metáforas de transferencia de referentes es totalmente compatible con la realidad del lector. Cuando el lector lee al pequeño Vardaman decir que su madre es un pez, no puede sino creer que lo es, pues el punto de vista de Vardaman es real, su experiencia es real y, en consecuencia, la visión mágica también es real.

