
La historia del proyecto residencial Pruitt-Igoe de St. Louis suele pasar desapercibida para todo aquel que no tiene un interés particular en ella. Sin embargo, la desaparición de este complejo de viviendas tuvo un efecto sensible, aunque difícil de medir, en la preponderancia crítica de unas corrientes de cultura sobre otras a lo largo del último tercio del pasado siglo.
Pruitt-Igoe, construido en los años 50 por el mismo arquitecto responsable del infausto World Trade Center, Minoru Yamasaki, era una isla de edificios de protección pública levantada para contrarrestar la pérdida de población y renovar las áreas deprimidas de la ciudad. Fue diseñada siguiendo una visión modernista del espacio urbano que pretendía reforzar los lazos de convivencia de la comunidad mediante apuestas arriesgadas como la abundancia de espacios comunes o los ascensores que se detenían solo en una de cada tres plantas.
Wikipedia.- Consistía de 33 edificios de apartamentos de 11 plantas en un espacio de 23 hectáreas en la parte baja del norte de St. Louis […] El complejo contenía en total 2.870 apartamentos y se completó en cinco años. Previamente a la construcción del proyecto, el lugar se conocía como el vecindario De Soto-Carr, una sección extremadamente pobre de St. Louis. El proyecto se decretó dentro del programa residencial federal post-II Guerra Mundial como un intento de llevar de nuevo gente a la ciudad. Al cabo de pocos años se encontraba seriamente vandalizado y cayó rápidamente en el deterioro y el abandono.
Pese a que otros proyectos similares tuvieron éxito en ciudades mayores que St. Louis, el fracaso de Pruitt-Igoe se convirtió enseguida en el blanco predilecto de los intereses y las corrientes de pensamiento contrarios al intervencionismo estatal, que veían tales iniciativas como una política impropia del liberalismo. Las críticas al proyecto, sobradamente justificadas, no iban sin embargo a quedar ahí: la intención original de dedicar una mitad de la isla a ciudadanos negros y otra mitad a ciudadanos blancos no tardó en ser denunciada como un ejemplo más de apartheid. Además, el mismo modernismo de Yamasaki se enfrentaba a la arquitectura posmodernista que empezaba a gestarse en ese mismo período. Los espacios urbanos planificados, funcionales y agresivamente sobrios de perspectivas lineales y propuestas idealizadas estaban siendo reemplazados por los edificios de ornamentos basados en planos inusuales y combinaciones de referencias, a veces en conflicto interno o acumuladas sin seguir criterios profundos.
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