Según la compañía de publicidad Chitika, los 50.000 blogs más populares (vía Technorati) generan 500 millones de dólares de beneficios al año.
El estudio no es lo que se dice muy profundo, pero si se sacan cuentas, y se consideran las tarifas que cobran algunos blogs como Techcrunch.com, se podría decir que la cifra real tampoco debería andar muy lejos. Por supuesto, la cantidad de ingresos por publicidad de un blog aumenta de forma exponencial en proporción a su popularidad —y si no hay una ley que lo afirme, debería haberla—, así que para la larga cola tanto da que sean 500 o 5.000, por cada 1.000 nuevos lectores, 999 son de los grandes blogs y 1 de los millones restantes.
No es diferente de apostar a la quiniela. La gente que invierte tiempo en mantener un blog se convierte a su vez en lectora (y financiadora) de blogs y, mientras la mayoría se lleva nada o el reintegro, por mala suerte en su apuesta o porque no les importa seriamente acertar la quiniela, el bote se lo llevan los ganadores, que incluyen los que tienen suerte y los machacanúmeros (number cruncher) que explotan al máximo la estadísitica y la mecánica del sistema.
Idealmente, no obstante, la virtud de la blogosfera es que la gente puede elegir y ningún blog tiene asegurada en todo momento su popularidad. Sin embargo, la blogosfera también tiene inercia. Un ejemplo: el blog de Javi Moya. Pese a estar cerrado desde hace meses, sigue recibiendo cientos de visitas y comentarios. Es decir: parece que una gran red social en torno a un blog puede surgir con rapidez de forma espontánea, pero alcanzada una masa crítica de visitantes y enlaces entrantes, esta red puede autosostenerse en parte, de modo que el ritmo al que se disuelve esa red decrece de forma progresiva. Los lectores más móviles pueden abandonar la red, por la pérdida de actividad, de calidad o de prestigio, en horas o días, pero los menos móviles siguen sosteniendo ese núcleo, hub, que, por su tamaño, seguirá capturando por sí mismo nuevos visitantes que paliarán el efecto de abandono (y no olvidemos que un blog puede seguir activo incluso después de muerto; sistemas de blogging como Wordpress permiten programar entradas en el futuro que se publican de forma automática). En definitiva, ¿puede ser la blogosfera una meritocracia pura, o es sólo una aplicación más de la tradicional dinámica de grupos con una escarcha de idealismo? E incluso, si pudiera alcanzar eventualmente un estado ideal, ¿se mantendría estable en él o —dejando aparte los blogs puramente personales, sin ninguna intención de notoriedad—, degeneraría de nuevo en el típico modelo de promesas para muchos y recompensas para pocos? Y yendo aún más lejos, ¿valdría realmente la pena que la atención de la blogosfera estuviera más repartida, o sólo que fuera más móvil?