“Los ingenieros procedieron entonces a un examen del Scotia, puesto entonces a carenar en seco. No daban crédito a lo que veían. A dos metros y medio por debajo de la línea de flotación se abría un orificio con forma regular de triángulo isósceles. Más perfecto no lo hubiera hecho un taladro. Era preciso, pues, que la herramienta perforadora que lo había abierto fuera de temple poco común y que, luego de haber sido lanzada con fuerza prodigiosa para perforar así una chapa de hierro de cuatro centímetros, pudiera retirarse por sí misma, mediante un movimiento de retroceso verdaderamente inexplicable.”
– 20.000 leguas de viaje submarino, Jules Verne

