Para leer una reseña completa de esta novela, os recomiendo esta página. No puedo añadir nada sobre el libro en sí que no se explique ahí. Al menos no en las limitaciones de tiempo y espacio de un blog.
La razón que me llevó a buscar este libro es la misma por la que me interesé por “Nunca me abandones” de Kazuo Ishiguro, que ahora está en proceso de lectura,“Galápagos” de Kurt Vonnegut, “Frankenstein o el moderno Prometeo” de Mary Shelley, “La naranja mecánica” de Anthony Burguess, “El Aleph” de Borges, “La afirmación” de Christopher Priest, “Hijos de hombres” de P. D. James… lo que todos esos libros y algunos otros tienen en común es que son literatura especulativa en la que ni la ciencia ni la tecnología son las protagonistas. Suelen responder a un “¿Qué pasaría si…?”, pero el objetivo de esa especulación no es otro que crear una nueva realidad (un buen nombre para un movimiento literario, ¿no os parece?), cuyo fin, en general, suele ser forzar al lector a replantearse lo que da por conocido en su realidad actual, descolocarlo, pero sin obligarle a suspender la incredulidad, pues la nueva realidad resulta, de hecho, familiar en muchos sentidos.
En ese sentido, y por no hacerlo más largo de lo necesario, puede decirse que “La conjura contra América” es una novela imprescindible para el buscador de nuevas realidades, ucronías e historias de ficción política y social. Además de una documentación cuidadosa, una recreación bastante creíble de una América gobernada por Lindberg que colabora en secreto con los nazis, y una presentación no maniquea de los actores de esa sociedad, Roth se exhibe sobre todo en la caracterización de los personajes, descritos con todos esos detalles personales que “ponen carne sobre los huesos”.
Hay que reconocer, sin embargo, que para el lector casual, e incluso para el no casual, puede hacerse un libro algo pesado con el paso de las páginas, ya que el estilo de escritura, pese a tener un magnífico equilibrio entre calidad y amenidad y no ser nada pretencioso, no tiene cambios de ritmo ni una trama muy marcada, cosa que se aprecia especialmente al final, que no se distingue de una página cualquiera del resto del libro. No se trata de un defecto, al menos no uno indiscutible, sino un inconveniente dependiendo de la paciencia de que se disponga en ese momento para leer una novela rica en información pero que, sin ser en absoluto rebuscada, tampoco hace más concesiones al lector de las necesarias.
Por sus características y por el tema que trata, es un libro que se presta a ser citado como ejemplo o referencia con facilidad, lo que hace pensar que no caerá en el olvido y que siempre será una lectura que merecerá la pena.
Respecto a la edición en tapas duras, de editorial Mondadori, no encontré nada que reprochar: la cubierta está bien diseñada, con una textura y combinación de colores retro muy agradable, el papel, la impresión y la tipografía son igualmente apropiadas, no hay erratas y el encolado parece resistente. La traducción de Jordi Fibla debe de ser intachable, ya que en ningún momento tuve que acordarme de ella.
