El libro de cuentos que tenía previsto sacar este mes se retrasará al menos una semana. La antología Visiones, cuya selección de relatos suele cerrarse a finales de cada verano, lleva seis meses de retraso, por lo que una historia que yo contaba con tener publicada o liberada a estas alturas sigue pendiente de la decisión del seleccionador. En lo que resuelvo este asunto aprovecharé para encontrar un prologuista.
Para compensar, un adelanto: «El año que perdí a Lucy» es parte de la recopilación y fue finalista del I Premio Internacional Axxon de relato. No es un cuento fácil ni corto. El estilo y el tema no coinciden con los gustos literarios actuales, es decir, no tiene los rasgos típicos del posmodernismo como los argumentos anecdóticos, con forma desestructurada, de emociones tibias y sin contenido moral o didáctico, etcétera. La idea desde el principio fue contar una historia trágica que tuviera relación con los problemas actuales.
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