Si os gusta el cine crítico como Religulous o Sicko, tenéis que ver Häxan (1922), un docudrama rodado en Suecia que intenta dar una visión objetiva y racional de la brujería y la superstición.
Sí, la secuencia a partir de 2:21 es stop motion. En 1922.
La película está separada en siete capítulos; el primero es una introducción histórica y el último una visión freudiana del fenómeno comparándolo con la histeria y con actitudes que eran modernas en los años 20. Los cinco capítulos intermedios son dramatizaciones de las cazas de brujas y las ceremonias satánicas.
Técnicamente la película es impresionante. Las actuaciones, la fotografía, el maquillaje, la iluminación, los decorados y los efectos especiales están tan logrados que te preguntas cómo pudieron hacerlo en 1922. El director, Benjamin Christensen, que hace un cameo hilarante como el Diablo, prestó mucha atención a las expresiones emocionales y nos dejó algunos retratos memorables.
Lo más interesante de Häxan es el exquisito surrealismo de las recreaciones históricas. A diferencia del vanguardismo de El Gabinete del Doctor Caligari, aquí es más un mundo de fábula goyesca, con demonios rijosos, animales antropomorfos, octogenarias dando a luz a monstruos y bandadas de brujas surcando el cielo nocturno sobre los tejados ante la mirada de faunos y diablos. Ese cuidadoso surrealismo ayuda al espectador a comprender sin palabras el estado de autosugestión que había detrás de la brujería y las cazas de brujas.
La película está libre de derechos de autor y se puede descargar de Internet Archive con subtítulos en inglés.
PD. Yo descubrí Häxan gracias a esta viñeta de Mark Poutenis.
Una de las pegas que tenía el mundo editorial antes de la revolución digital era que, si se imponía una cierta mono-cultura entre agentes o editores, los lectores tenían que tragar o ponerse a bucear por las entrañas de las subculturas proscritas de los canales de distribución. Y la «clandestinidad» en sí, aunque sea sólo económica, es un fuerte condicionante.
Porque una cosa es ser un autor desconocido en las redes sociales o en la tienda de Bubok, donde si los lectores quieren escapar de la inercia cultural sólo tienen que hacer clic en una cubierta distinta, y otra, como sucedía antes, descubrir que la única forma económicamente viable de producir y difundir libros era a través de la Industria. Lo cual, si se piensa bien, reducía el control de un amplio sector de la cultura a las manos de una docena de directores.
Hoy en día es virtualmente (digitalmente) imposible ser un autor clandestino. Al menos en cualquier país con suficientes libertades. La existencia de un mercado de libros libres no es un deseo de malos escritores, es una imperiante necesidad cultural.
Mientras espero a que llegue el primer lote de Bubok, he decidido que era hora de probar suerte con una idea que llevo rondando desde hace tiempo.
Pinchad aquí para ver de qué va, y aquí para leer las ideas que discutía el año pasado.
No creo en las ideologías. Si dividiéramos el pensamiento por fases de la vida, la religión sería la infancia, la ideología sería la adolescencia, y la lógica y el sentido común la madurez. El mundo necesita buenos métodos de pensamiento más que buenos sistemas de pensamiento.
La primera vez que me di cuenta de esto tenía trece años y estaba delante de un tablero de ajedrez.
En la escuela, nuestro profesor de ajedrez nos enseñó a dominar la apertura italiana. La apertura italiana es bastante sólida: las primeras jugadas son para tomar el centro, poner los dos caballos y los dos alfiles en juego y enrocar el rey. Todas las piezas menos uno de los alfiles están bien protegidas y es difícil cometer errores.
Durante mucho tiempo, el resto de aperturas me parecieron incómodas, agresivas o excéntricas. En especial, me enfurecía el gambito de dama, que intercambiaba piezas nada más empezar. Realmente, ¿quién podía querer empezar así una partida?
Un día de torneo, en el último año de alevines, me topé con alguien que no sólo abría con el gambito de dama, sino que lo jugaba con la misma naturalidad con la que yo utilizaba la apertura italiana. No recuerdo el resultado de aquella partida, pero seguro que me fue mal.
El problema no era que las otras aperturas fueran excéntricas, sino que yo sólo tenía confianza en las jugadas que conocía. Sin embargo, el ajedrez no es sólo un juego de memoria. Si no puedes improvisar cuando estás en terreno desconocido, no llegas a ninguna parte.
Las ideologías son iguales. El mundo es mucho más variado que cualquiera de ellas. La realidad exige habilidad para anticipar movimientos y tomar la mejor decisión, no para seguir a rajatabla una serie de pasos establecidos. En definitiva, el conocimiento de los sistemas de ideas ahorra tiempo, pero no es un sustituto del análisis.
Autoeditar un libro en 30 pasos ultrabreves:
1. Prepara una carpeta de trabajo. Programa las copias de respaldo.
2. Crea dentro carpetas para formatear el ePub y el PDF.
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4. Revísalo. Guarda una copia de cada versión.
5. Corrige las repeticiones. Revisa la ortografía. Elimina espacios superfluos.
6. Prepara una plantilla de maquetación para el libro impreso.
7. Pega el texto.
8. Añade los contenidos adicionales para la edición impresa.
9. Estila el texto.
10. Guiona el texto.
11. Ajusta los espaciados para eliminar viudas y huérfanas y evitar ríos y lagos.
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20. Añade los metadatos.
21. Añade la cubierta.
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23. Recibe las copias de pruebas del libro impreso. Revisa la maquetación.
24. Tramita el Depósito Legal y el ISBN, si procede.
25. Añade el Depósito Legal y el ISBN, si procede.
26. Prepara material complementario para la presentación.
27. Publícalo.
28. Promociónalo en tus redes sociales.
29. ...
30. Cosecha los beneficios.
Esta es la cubierta definitiva para el libro. Quería hacer algo simple para no darme muchas oportunidades de cometer errores.
Una de mis cubiertas favoritas es la de Tusquets para la edición en rústica de Norwegian wood. No tengo ninguna buena fuente tipo Helvética, así que elegí Delicious bold.
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Extracto
Aquel día radiante de invierno, sin embargo, al señor S. le tocó el gordo de Navidad.