Tag: ciencia ficción

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Anonymous, en español


Acabo de subir mi relato «Anony­mous» tra­du­cido al espa­ñol (podéis leerlo en línea aquí). Lo escribí ori­gi­nal­mente en inglés y lo publi­qué en noviem­bre de 2010, pero me parece muy rele­vante ahora. «Anony­mous» es la fábula de un hom­bre de clase media que, en un mundo alter­na­tivo en el que se puede ser físi­ca­mente anó­nimo, decide de pronto renun­ciar a su iden­ti­dad sin enten­der real­mente cuál es el pro­pó­sito de hacerlo. El día de la esplén­dida mani­fes­ta­ción, un hom­bre que se con­si­de­raba a sí mismo Anó­nimo estaba fran­ca­mente entu­sias­mado por haber sido ele­gido entre la mul­ti­tud para dar un discurso […]



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Anonymous (es)


1. El día de la esplén­dida mani­fes­ta­ción, un hom­bre que se con­si­de­raba a sí mismo Anó­nimo estaba fran­ca­mente entu­sias­mado por haber sido ele­gido entre la mul­ti­tud para dar un dis­curso impro­vi­sado. Pro­ba­ble­mente no fuera el momento más ins­pi­rado del evento pero, aun así, pare­ció enca­jar de forma apro­piada en el carác­ter espon­tá­neo de un grupo que se resis­ti­ría a ser defi­nido como tal. En retros­pec­tiva, no obs­tante, el hom­bre iba a arre­pen­tirse de haber dis­fru­tado aquel breve atisbo de sin­gu­la­ri­dad. Pues, no siendo muy cons­ciente de la dife­ren­cia entre la liber­tad y el ano­ni­mato, hacia el final de aquel día ya […]



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Teaser del próximo relato


Mi pró­ximo relato se titula “El jabón del Club Bil­der­berg” y está com­pro­me­tido para la anto­lo­gía “Per­ver­sio­nes: Mis­te­rios sin resol­ver”. Se trata de una anto­lo­gía de unos treinta auto­res, orga­ni­zada en los foros de Sedice.com y auto­edi­tada mien­tras nadie diga lo con­tra­rio. Las anto­lo­gías “Per­ver­sio­nes” toman his­to­rias de la cul­tura popu­lar y les dan un giro dife­rente. El jabón del Club Bil­der­berg 1. Lio Ekans era sin duda el empleado más obs­curo y enig­má­tico de Lever Brot­hers, fabri­can­tes de jabón entre 1885 y 1930. En docu­men­tos que nadie se acor­daba de mirar figu­raba como agente comer­cial; es decir, su trabajo […]



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¿Y si estuviéramos viendo el fin de la ciencia ficción en español?


Hace un par de sema­nas inter­cam­bié men­sa­jes con Emily Williams (@emilyw00) y Julieta Lio­netti (@JulietaLionetti) en Twit­ter sobre el futuro de la cien­cia fic­ción en espa­ñol. Mi idea, basada más que nada en peque­ñas obser­va­cio­nes aquí y allá, era que los lec­to­res his­pa­nos de cien­cia fic­ción cada vez más esta­ban com­prando las nove­da­des edi­ta­das en inglés:

 

Para salir de dudas, decidí abrir una encuesta en el foro de cien­cia fic­ción de Sedice.com. Los resul­ta­dos a día de hoy son:

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Jerry


Silen­cio.

De repente, una voz, artificial.

«Sitúa el cubo dorado, junto al tetraedro.»

Cinco dedos romos, rugo­sos, asie­ron el cubo dorado. Lo levan­ta­ron. Rápi­da­mente, la pequeña mano llevó la figura, hacia la izquierda, y la dejó junto al tetraedro.

Una leve pun­zada en la cabeza. Agradable.

De nuevo la voz.

«Cla­si­fica las esfe­ras, por colores.»

Las esfe­ras esta­ban en una caja, guar­da­das en sus mol­des de madera. Un corto brazo tiró de ella para acer­carla. Tomó una esfera roja, la mano dere­cha; la izquierda alzó una esfera verde. La roja pasó al pri­mer hueco. La mano dere­cha tomó la esfera ama­ri­lla… Seguir leyendo… (2557 palabras)



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El cielo de los ángeles


Luis aso­maba las oje­ras bajo el casco, enco­gido en sus ropas de cam­paña, y se fro­taba las manos. Se le habían helado mien­tras sos­te­nía el rifle. Está­ba­mos expues­tos a los cua­tro vien­tos, los mis­mos que arras­tra­ban sobre Zaca­te­cas legio­nes de nubes car­ga­das de ceniza. Más allá del hori­zonte ardía un incen­dio sin control.

El cam­pa­na­rio izquierdo de la cate­dral, el que seguía intacto, estaba ence­rrado en una jaula elec­tri­fi­cada. Podías oír el zum­bido si te acer­ca­bas a los barrotes.

—Pero, ¿qué son? —pregunté.

—Ánge­les, Chico.

Luis no apar­taba los ojos del cielo. Su mirada se achi­caba con el paso de las horas, finas y duras arru­gas se for­ma­ban bajo los ojos y las som­bras cre­cían en sus meji­llas sin afei­tar. Sin embargo, no había nada en el mundo que lo ten­tara a des­can­sar antes de que saliera el Sol. Seguir leyendo… (5221 palabras)