Recibir manuscritos no es el peor trabajo del mundo, pero tiene su parte incómoda. Vivimos rodeados de narrativas diseñadas para impresionar; la reacción más básica ante esas impresiones es la imitación, lo que quiere decir que casi todo el mundo ha pensado en crear su propia historia.
Como es lógico, muchas de esas historias acaban en el buzón de algún agente o editor. Siendo como son, los blogs y Twitter se dan mucho a los comentarios informales. Y entre ellos suelen estar las confesiones sobre lo terribles que son algunas de las cartas de presentación. Seguir leyendo… (963 palabras)






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