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	<title>Fran Ontanaya &#187; elecciones</title>
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	<description>Autor, geek y diseñador web</description>
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		<title>Garantizando la superviviencia del 15M</title>
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		<pubDate>Sun, 22 May 2011 19:24:26 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Fran Ontanaya</dc:creator>
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		<category><![CDATA[sociología]]></category>

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		<description><![CDATA[Quizá el mayor defecto del 15M sea la existencia de una marca. En cuanto se crea una etiqueta para un movimiento, esta se puede adjuntar a cualquier cosa, incluso a productos radicalmente opuestos a sus ideales. El movimiento se convierte así en merchandising para cualquiera que vea negocio en usarlo o subvertirlo para sus propios intereses y su efecto queda pronto neutralizado. La marca permite a cualquiera erigirse en portavoz con sólo llevarla por delante. Debido a que el hash que se usa en los distintos medios es el nombre y no el mensaje en sí, colar ruido y caballos [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Quizá <img src="http://www.franontanaya.com/wp-content/uploads/2011/05/laughing_man-225x102.png" alt="" title="laughing_man" width="225" height="102" class="alignright size-medium wp-image-5348" /> el mayor defecto del 15M sea la existencia de una marca. En cuanto se crea una etiqueta para un movimiento, esta se puede adjuntar a cualquier cosa, incluso a productos radicalmente opuestos a sus ideales. El movimiento se convierte así en <em>merchandising</em> para cualquiera que vea negocio en usarlo o subvertirlo para sus propios intereses y su efecto queda pronto neutralizado.</p>
<p>La marca permite a cualquiera erigirse en portavoz con sólo llevarla por delante. Debido a que el <em>hash</em> que se usa en los distintos medios es el nombre y no el mensaje en sí, colar ruido y caballos de Troya es un juego de niños. Y, para quien quiere proteger a sus acólitos de cualquier contaminación de ideas, la existencia de una etiqueta viene de perlas como <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Letra_escarlata">letra escarlata</a> para señalar aquello que representa los miedos de su audiencia.</p>
<p>A estas alturas de la historia se antoja complicado anonimizar el 15M, cuando todos los medios y blogs han salido a repartir opiniones a lomos de ese caballo. Esto hace que el movimiento sea vulnerable a fracasar ―o a tener éxito― como un todo. Dada la inercia que ya existe, es inevitable que muchas partes del movimiento insistan en agarrarse a su esquina de la bandera y cargar en direcciones opuestas. </p>
<p>Es importante recordar que las acciones que originaron el 15M fueron organizadas por un agregado de voces en la red, que captaron unas inquietudes y las legitimaron con sus conocimientos y redes profesionales. Dejando aparte lo ambiguo del nombre, <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Nolesvotes">#nolesvotes </a>surgió como una llamada a la acción específica dentro de un descontento general, no como un contenedor variable de ideas.</p>
<p>En mi opinión, además de estudiar el consenso de mínimos, todo el que no se vea muy implicado en las acampadas debería pensar en un problema cercano que esté causado por la misma falta de <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Responsabilidad_social">responsabilidad social</a> y, a continuación, animar a un pequeño grupo de gente a, con el mismo espíritu, pero sin el mismo nombre, organizar una miniprotesta en la red. Mientras tanto, se debería dejar que el fenómeno global, con las tres o cuatro propuestas esenciales, sea lo más informal posible, abierto a cualquiera que solo quiera comprometerse a estar media hora de pie en la calle.</p>
<p>De este modo el movimiento anónimo seguiría adelante, como manifestación popular, y podría sobrevivir sin problemas a la dispersión de algunos grupos o a un nuevo brote de apatía general.</p>
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		<title>15M en los blogs de escritores y creadores</title>
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		<pubDate>Sat, 21 May 2011 19:09:39 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Fran Ontanaya</dc:creator>
				<category><![CDATA[Blog]]></category>
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		<description><![CDATA[Algunas muestras de lo que dice gente que escribe y crea sobre los acontecimientos de estos últimos días (gracias a las chicas más estupendas de todo Facebook por recomedarme enlaces): Ninotchka Carta a mi madre.- “… En sus inicios, el movimiento decía que no se podía reelegir a un Gobierno que gobierna de espaldas a los ciudadanos: fue cuando toda la red en España, y te aseguro que es muuuuuy grande, se puso en contra de la aprobación de esa ley, hubo manifiestos, hubo peticiones directas e indirectas al Gobierno, y no se hizo NI CASO. …” Rodolfo Martínez Coño, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Algunas muestras de lo que dice gente que escribe y crea sobre los acontecimientos de estos últimos días (gracias a las chicas más estupendas de todo Facebook por recomedarme enlaces):</p>
<h5>Ninotchka</h5>
<blockquote cite=""><p><a title="" href="http://desdelanieve.blogspot.com/2011/05/carta-mi-madre.html"><strong>Carta a mi madre</strong></a>.- “… En sus inicios, el movimiento decía que no se podía reelegir a un Gobierno que gobierna de espaldas a los ciudadanos: fue cuando toda la red en España, y te aseguro que es muuuuuy grande, se puso en contra de la aprobación de esa ley, hubo manifiestos, hubo peticiones directas e indirectas al Gobierno, y no se hizo NI CASO. …”</p></blockquote>
<h5>Rodolfo Martínez</h5>
<blockquote cite=""><p><a title="" href="http://www.escritoenelagua.com/?p=2902"><strong>Coño, si resulta que soy antisistema</strong></a>.- “… Es decir, formo parte de ese grupo enorme que, no es que estemos asimilados por el sistema, sino que somos los que hacen que el sistema exista: sin nosotros, sin nuestro trabajo y sudor diarios, el sistema sería imposible. Vamos, estoy tan metido en él que ni lo percibo, igual que un pez en el agua. …”</p></blockquote>
<h5>Lady Dragón</h5>
<blockquote cite=""><p><a title="" href="http://ladydragona.com/2011/05/19/en-brazos-revolucion/"><strong>En brazos de la revolución</strong></a>.- “… Uno llega esperando que un megáfono le diga lo que pasa ahí y sale comprendiendo que lo importante es lo que te traías ya puesto de casa; que el tiempo en el que la masa se dejaba llevar ha pasado, que cada cual elige y piensa con libertad. …”</p></blockquote>
<h5>Antonio Muñoz Molina</h5>
<blockquote><p><a title="" href="http://antoniomuñozmolina.es/2011/05/hora-de-despertar/"><strong>Hora de despertar</strong></a>.- “… Por eso creo que el despertar forzoso al que parece que al fin estamos llegando ha de tener una parte de rebeldía práctica y otra de autocrítica. Rebeldía práctica para ponernos de acuerdo en hacer juntos un cierto número de cosas y no solo para enfatizar lo que ya somos, o lo que nos han dicho o imaginamos que somos …”</p></blockquote>
<h5>Arturo Pérez Reverte</h5>
<blockquote cite=""><p><a title="" href="http://www.facebook.com/notes/carmen-diez/perez-reverte-indecente/10150198608268977"><strong>Indecente</strong></a>.- INDECENTE, es que un ciudadano tenga que cotizar 35/40 años para percibir una jubilación y a los diputados les baste sólo con siete, y que los miembros del gobierno, para cobrar la pensión máxima, sólo necesiten jurar el cargo.</p></blockquote>
<h5>Medusa Dollmaker</h5>
<blockquote cite=""><p><a title="" href="http://medusadollmaker.blogspot.com/2011/05/spanish-revolution-2011.html"><strong>Spanish ReVolution 2011</strong></a>.- No obstante, reiteramos que nos mueve la desesperanza, la indignación y no hay partido detrás. Somos conscientes, libres, y actuamos como tal. Dejad de politizarnos, coño. Hemos sacado nuestras propias conclusiones. Que las teman.</p></blockquote>
<h5>David Mateo</h5>
<blockquote cite=""><p><a title="" href="http://lasombradegrumm.blogspot.com/2011/05/democracia-real-ya.html"><strong>Democracia real YA</strong></a>.- “… Ha llegado el momento de decir BASTA con toda la fuerza que impone la Democracia. Y todos aquellos que tenemos un pequeño o gran púlpito a nuestra disposición, tenemos que hacernos eco de esta proclama. Yo no voy a deciros a quién o a qué tenéis que votar, pero sí que hay que recalcar una cosa: la Moncloa, los ayuntamientos o cualquier sede municipal de gobierno no puede convertirse en la casita de verano donde un partido político aparque su caravana y se tire cuatro años de vacaciones. …”</p></blockquote>
<h5>Juan Jacinto Muñoz Rengel</h5>
<blockquote cite=""><p><a title="" href="http://www.facebook.com/notes/juan-jacinto-mu%C3%B1oz-rengel/es-que-todos-nuestros-pol%C3%ADticos-sufren-de-incapacidad-mental/10150192853799866"><strong>¿Es que todos nuestros políticos sufren de incapacidad mental?</strong></a>.- “… Que sean incapaces de escuchar y comprender al pueblo que compone, legitima y es este sistema, se puede acabar convirtiendo en un pequeño problema. Porque de hecho tenemos muchas más cosas que proponerles, muchísimas más. Pero, claro, son asuntos bastante más complejos, y si ni siquiera pueden comprender algo tan básico como esto, trasladarles todas esas propuestas podría llegar a ser una tarea agotadora. …”</p></blockquote>
<h5>Israel Sánchez</h5>
<blockquote cite=""><p><a title="" href="http://sirmia.wordpress.com/2011/05/21/jornada-de-irreflexion/"><strong>Jornada de irreflexión</strong></a>.- “… Al final pasará lo que tenga que pasar, pero lo que debemos tener claro es que, independientemente de eso, estas elecciones no son el final de nada. Deben ser el principio. Porque es cierto que este Movimiento no está orquestado por partidos políticos, pero no es menos cierto que estos han hecho todo lo que han podido para aprovecharlo en su beneficio. …”</p></blockquote>
<h5>María Covadonga Mendoza</h5>
<blockquote cite=""><p><a title="" href="http://mcmendoza.blogspot.com/2011/05/el-sistema-eres-tu-movilizaciones-de.html"><strong>El sistema eres tú</strong></a>.- “… Pero para todo esto lo que debe cambiar es la mentalidad y no solo la de los políticos, sino la de toda la sociedad. Lo que ha fallado en la nuestra no es que los políticos y otros poderes fácticos se hayan corrompido, ¡es que los hemos dejado hacerlo! Sí, nosotros. …”</p></blockquote>
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		<title>#IranElection</title>
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		<pubDate>Fri, 13 Aug 2010 18:44:56 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Fran Ontanaya</dc:creator>
				<category><![CDATA[elecciones]]></category>
		<category><![CDATA[Irán]]></category>
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		<description><![CDATA[Navid tenía una pequeña tienda de alimentos en Teherán. La tienda llevaba abierta más de treinta años y había visto una buena parte de la historia reciente del país. En su tienda se podía encontrar un poco de todo: conservas, patatas, pan, baterías alcalinas, diarios. Por otro lado, su tienda no tenía teléfono, ni radio, ni televisión. Nadir ni siquiera leía los periódicos que vendía. Sus vecinos jóvenes bromeaban con él diciéndole que parecía escapado de un museo. En un día normal, Navid pasaba las horas sentado tras el contador, mirando la gente que pasaba por la calle. Su tienda [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Navid tenía una pequeña tienda de alimentos en Teherán. La tienda llevaba abierta más de treinta años y había visto una buena parte de la historia reciente del país.</p>
<p>En su tienda se podía encontrar un poco de todo: conservas, patatas, pan, baterías alcalinas, diarios. Por otro lado, su tienda no tenía teléfono, ni radio, ni televisión. Nadir ni siquiera leía los periódicos que vendía. Sus vecinos jóvenes bromeaban con él diciéndole que parecía escapado de un museo.</p>
<p>En un día normal, Navid pasaba las horas sentado tras el contador, mirando la gente que pasaba por la calle. Su tienda no tenía muchos clientes, apenas suficientes para mantenerla a flote, pero Navid era un hombre sencillo y, como toda la gente mayor, se las arreglaba para vivir con poco.<span id="more-4479"></span></p>
<p>La escasa importancia de su tienda hacía que Navid se sintiera como un discreto observador de la ciudad. Al fin y al cabo, no tenía nada que ganar tomando una parte u otra en los acontecimientos. El viejo tendero prefería observar y escuchar con parsimonia lo que sucedía en la calle. Por ejemplo, le había costado nada menos que once años decidir lo que pensaba acerca de 1979 y, para entonces, ya no le importaba a nadie lo que él opinara.</p>
<p>La gente que conocía a Navid no solía incordiarle mucho por su falta de compromiso. O bien lo consideraban un individuo inofensivo, aunque sospechoso, o un señor sencillo y entrañable al que le faltaba algo de coraje.</p>
<p> </p>
<p>El 15 de junio de 2009, Navid estaba dormitando en su silla cuando oyó un gran estruendo de voces que se acercaba por la calle. Consciente de su edad, decidió quedarse esperando sentado donde estaba y no salir de la tienda. Escuchó el ruido, que arreciaba en ráfagas como los azotes de una tormenta, con los ojos abiertos como platos.</p>
<p>Unos minutos más tarde, un gran río de gente empezó a pasar ante la puerta. Navid lo observó con asombro.</p>
<p>Los gritos de la multitud eran ininteligibles, salvo cuando alguien se encontraba justo delante de la tienda. Así que tuvo que hacerse una idea de lo que ocurría por los fragmentos de información que le llegaban al azar. Si Navid no hubiera sido tan viejo, no habría tenido la paciencia necesaria para no asustarse antes haberse enterado bien de qué era lo que estaba pasando.</p>
<p>Un grupo de manifestantes entró en la tienda. El pobre Navid se quedó inmóvil. Por un momento temió que vinieran a causar algún problema. Sin embargo, se limitaron a repetir los mismos coros contra el gobierno y a ponerle en las manos un pañuelo verde, animándole a agitarlo. Navid lo levantó un poco para darles ese gusto y los manifestantes salieron para unirse de nuevo a la multitud.</p>
<p>Pasado un tiempo, Navid miró el pañuelo sobre el contador. Comenzó a plegarlo con cuidado para guardarlo, no fuera a aparecer alguien del partido rival o algún miembro de las milicias. Sus huesos no estaban en condiciones de recibir muchos bastonazos.</p>
<p> </p>
<p>A mediodía el ruido de la calle se había transformado del fragor inicial a algunos clamores aislados, sonido de motocicletas, el repicar ocasional de piedras contra el asfalto y las amenazas de los Basij.</p>
<p>Navid podía oír el crepitar de las hogueras y oler el humo de un vehículo quemado.</p>
<p>Alguien se acercó con esfuerzo por la acera. Un par de jóvenes llevaban en volandas a otro que estaba herido. Un arma tableteó en la distancia y los jóvenes decidieron entrar en la tienda para ponerse a cubierto. Dejaron al muchacho herido en el suelo y atisbaron hacia la calle, discutiendo entre sí.</p>
<p>―No es aquí ―decía uno―. Mira. No es aquí, están muy lejos.</p>
<p>―Vayamos por la calle de atrás. Es mejor.</p>
<p>―Sólo es un poco hasta su casa. Por atrás hay más distancia.</p>
<p>―No, ya cruzaremos luego al otro lado. Están disparando a la gente.</p>
<p>―Si nos damos prisa podemos llegar al otro lado antes de que nos vean.</p>
<p>Navid miró al joven herido mientras los otros dos discutían. Tenía las manos llenas de polvo de haberse arrastrado por el suelo y, sobre el polvo, manchas y regueros oscuros de sangre que había manado de sendos cortes, uno en una ceja y otro en la nariz.</p>
<p>Las heridas eran más aparatosas que nada. El joven, sin embargo, no parecía acostumbrado a ver tanta sangre. El trapo que llevaba estaba empapado.</p>
<p>El viejo tendero, al que nadie había prestado atención, le tendió el pañuelo verde que había recibido por la mañana. El joven se acercó a duras penas para alcanzarlo.</p>
<p>―<em>Tashakor</em> ―dijo.</p>
<p>Los otros dos terminaron de decidirse y se volvieron para sacar a su amigo. Pidieron disculpas a Navid y, levantándolo cada uno de una pierna, se lo llevaron en volandas.</p>
<p>Navid escuchó atentamente durante un rato, pero no se oyeron más disparos. Luego se reclinó para mirar sobre el contador. Había gotas de sangre y un par de huellas de manos en el suelo.</p>
<p>Se volvió a apoyar sobre el respaldo de su silla y siguió esperando a que entrara un cliente.</p>
<p> </p>
<p>Por la tarde, los milicianos se adueñaron de la calle. Las motocicletas avanzaban entre los vehículos como una extraña carga de caballería. Vio a algunos que iban de paquete blandiendo palos y bastones, y a otros, los menos, con armas de mano.</p>
<p>―¡Muerte al traidor! ―gritaban, cargando arriba y abajo.</p>
<p>Navid había sido detenido una vez por los Basij. En 2005 había comprado, entre sus suministros habituales, unas barras de pasta para afeitar de una marca extranjera. A decir verdad, no les había prestado atención, pensando que las cajas traerían los mismos productos que llevaba reponiendo desde hacía años.</p>
<p>Un día, un miembro del Basij que no podía tener ni dieciocho años, entró a inspeccionar y vio las barras. Como el envoltorio era ininteligible y tenía algunos adornos, pensó que podía tratarse de un cosmético para mujeres. Así, antes de que pudiera hacer nada, Navid se encontró siendo arrastrado hasta un sótano, siendo interrogado y soportando las mofas por su figura decrépita.</p>
<p>Navid aún tenía fresco en la memoria aquel incidente. Por eso, cuando tres milicianos adultos pararon las motos ante la puerta de la que debía de ser la única tienda que no había cerrado, se preparó para lo peor.</p>
<p>Por supuesto, Navid ya no vendía pasta de afeitar extranjera y menos aún productos de cosmética, pero la moral de los Basij no había dejado de empeorar desde los tiempos de la guerra contra Iraq. Los mismos que de jóvenes habían caminado sobre los campos de minas para despejar el camino a los tanques ahora registraban vehículos en busca de productos ilegales y arrestaban a la gente por faltar a las normas de decencia.</p>
<p>Un hombre de unos cuarenta y cinco años entró delante, andando con cachaza, y los otros dos se quedaron en el umbral.</p>
<p>―Vamos a registrar ―dijo―. Buscamos teléfonos, cámaras y ordenadores. ¿Tiene alguno o no?</p>
<p>Navid negó con la cabeza. El miliciano habló otra vez antes de que él pudiera abrir la boca.</p>
<p>―Vamos a registrarlo todo. Si tiene alguno es mejor que lo diga, porque lo vamos a encontrar de todas formas.</p>
<p>El viejo tendero bajó la cabeza, resignado. No quería decir o hacer nada que pudiera ser malinterpretado, así que se limitó a no cruzar la mirada con el hombre.</p>
<p>El individuo empezó a remover las cosas y a tirarlas al suelo con desgana. Navid no podía tener mucho aspecto de esconder aparatos electrónicos. De hecho, la única pieza de tecnología que tenía en su tienda eran unos ventiladores de hélice que sacaba todas las primaveras para ponerlos en un estante alto, cerca del techo. Por la razón que fuera, nunca había conseguido venderlos y empezaban a tener un aspecto un poco amarillento.</p>
<p>Uno de los milicianos de la puerta vio las manchas de sangre en el suelo y las señaló con el dedo.</p>
<p>―Mira, Rashid.</p>
<p>Rashid miró la sangre. Se quedó un momento reflexionando, se acercó al contador, tomó un diario de una pila que había encima, lo enrolló y le dio a Navid un capirotazo en la cabeza.</p>
<p>―¿Por qué hay sangre en el suelo, eh? ¿Por qué hay sangre en el suelo? Dejas que la gente que causa problemas se esconda aquí, ¿verdad? ¿Es que no te importa el futuro de tu país?</p>
<p>Navid se inclinó hacia un lado y levantó los brazos para cubrirse, pero no contestó.</p>
<p>Un grupo de manifestantes con cintas verdes atadas a las muñecas bajó corriendo por la calle. Aquello distrajo a los Basij, que se olieron la oportunidad de apalear a alguien con más aguante. Olvidándose de Navid, se apresuraron a volver a las motos. El que le había maltratado, que fue también el primero en salir, tiró el diario al suelo y los otros lo pisotearon al pasar.</p>
<p>El viejo tendero, consternado, miró desde su silla las estanterías desordenadas. Le iba a llevar un rato poner todo de nuevo en su sitio.</p>
<p> </p>
<p>Algo después, un fotógrafo extranjero entró en la tienda.</p>
<p>―<em>English?</em> </p>
<p>Navid pestañeó.</p>
<p>―<em>Français? Italiano?</em> ―insistió el hombre.</p>
<p>El viejo tendero meneó la cabeza.</p>
<p>El fotógrafo levantó su cámara y abrió el compartimento de las baterías. Lo descargó sobre la palma de la mano.</p>
<p>―<em>Battery?</em> ―dijo, enseñándole las pilas.</p>
<p>Navid señaló a una estantería, donde una caja contenía varios paquetes de baterías alcalinas.</p>
<p>El fotógrafo pidió permiso con un gesto, se alcanzó la caja y tomó un paquete. Lo examinó por un lado y por el otro tratando de evaluar su calidad y acabó agarrando media docena con una mano. Navid alzó las cejas.</p>
<p>El fotógrafo se registró los bolsillos. Sacó un pliegue de billetes arrugados.</p>
<p>―<em>Dollars?</em> </p>
<p>En otros tiempos Navid no habría aceptado dólares, por miedo a lo que pudiera pasar cuando fuera a cambiarlos. Pero, con la inflación y lo mal que había ido la economía para la gente que, como él, tenía pequeños negocios en la ciudad, no le importaba guardar algo de dinero en una moneda que no perdiera valor año tras año. Con más razón, si cabe, si Jamenei pretendía que el país siguiera igual.</p>
<p>―<em>Thank you!</em> ―dijo el fotógrafo, después de que Navid le cobrara.</p>
<p>El fotógrafo se guardó todos los paquetes menos uno en su bolsa, cargó la cámara y le invitó a posar. Navid puso la misma cara que siempre había puesto tras su contador.</p>
<p> Cuando el cliente se marchó, el viejo tendero se preguntó qué interés podía tener la fotografía de un hombre que llevaba treinta años sentado en la misma silla sin hacer nada especial.</p>
<p> </p>
<p>El día se estaba terminando. Navid empezaba a tener la sensación de que aquella jornada había durado el doble de lo normal.</p>
<p>Amparados en la oscuridad, los vecinos se subían a los tejados y clamaban <em>«¡Allahu akbar!»</em> y consignas contra el régimen.</p>
<p>El viejo tendero sabía lo que se sentía cuando la voz de otros hermanos de sentimiento salpicaba aquí y allá la noche, cruzando el vacío que separaba un tejado de otro, porque él había hecho lo mismo durante la Revolución.</p>
<p>Aquellas voces, sin embargo, eran más jóvenes que la suya en aquel entonces. En el 79, Navid conocía sobradamente aquel país y a la gente con la que lo compartía. En cambio, los que gritaban ahora en los tejados parecían estar al mismo tiempo protestando y tratando de descubrirse a sí mismos.</p>
<p>Navid encendió las luces de la tienda. Con tanto alboroto nadie debía de haber tenido tiempo de hacer las compras del día.</p>
<p>Enseguida, como una mariposa nocturna atraída por el resplandor, una muchacha en edad de ir a la universidad cruzó el umbral con el rostro agitado. Navid no la conocía de nada.</p>
<p>La muchacha se quedó mirándole, como esperando adivinar por su expresión de parte de quién estaba. Por supuesto, si Navid hubiera estado en contra de las revueltas, también lo habría estado de que una mujer se dejara ver a aquellas horas con un hombre que no era ni su marido ni pertenecía a su familia.</p>
<p>Como eso era algo en lo que el viejo tendero ni siquiera se paraba a pensar, se limitó a fruncir los ya de por sí arrugados labios y aguardar a que la muchacha dijera algo.</p>
<p>La muchacha no habló. En vez de eso, sacó un teléfono móvil que tenía escondido entre sus ropas y se lo enseñó.</p>
<p>Navid levantó la mirada. Con un suspiro, apagó las luces de la tienda.</p>
<p>La muchacha se sentó en el suelo, escondida tras unos cestos de patatas. Se oyó el rápido tecleo de los botones y luego breves conversaciones con unos amigos que tenían acceso a Internet.</p>
<p>Navid podía ver el rostro de la joven iluminado por el etéreo resplandor del teléfono, flotando en medio de la negrura del maghnae que le cubría la cabeza. Los ojos estaban tan abiertos y centelleantes que parecía que fueran ellos quienes iluminaban aquel rincón de su pequeña tienda.</p>
<p>Había muchas cosas extrañas y misteriosas en aquella imagen, pero la que causó mayor impresión en Navid fue que, mientras la joven usaba el teléfono para contarle al mundo lo que había visto aquel día, sonreía como quien contempla las aves jugar entre la hierba, con los codos en el alféizar de una ventana, esperando la llegada de un ser querido.</p>
<p>Navid habría podido desprender aquella sonrisa de luna creciente del resto de aquella escena y atribuirle vida propia, como si también pudiera salir volando y reunirse con las demás aves entre la hierba.</p>
<p> </p>
<p>Cuando la joven terminó de hacer llamadas y cruzó el umbral para perderse de nuevo en la noche, el viejo tendero se quedó solo en la oscuridad.</p>
<p>En treinta años había visto pasar a mucha gente por aquella tienda, gente de todo tipo, edad y opinión. Sin embargo, por primera vez en todo aquel tiempo sintió verdadera curiosidad por saber quién entraría el día siguiente.</p>
<p>Uno podía aprender mucho sobre Irán fijándose en la cara que tenían los clientes del viejo tendero. Mientras todo el mundo sonriera igual que aquella joven, todo estaría bien.</p>
<p>Sin duda, aquella era la revolución que, visto desde aquella tienda en la que Navid, siempre sentado en su silla, vendía un poco de todo, le hacía falta al país.</p>
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