Tag: fantasía

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El avión de hojalata


Aque­lla mañana el dueño de la tienda de jugue­tes de hoja­lata ha­bía cerrado las puer­tas a cal y canto. Un carro de madera engan­chado a un caba­llo de tiro triste y gris aguar­daba en la entrada. Los sol­da­dos, los avio­nes, los moto­ris­tas y los coches de bom­be­ros habían aban­do­nado el olor espe­cial de los expo­si­to­res y se habían embar­cado en las cajas, ape­lo­to­na­dos y lle­nos de colo­res, mez­cla­dos como aque­llos emi­gran­tes que par­tían hacia las Amé­ri­cas con las male­tas lle­nas de ham­bre y frá­gi­les esperanzas.

El nom­bre del jugue­tero era José, pero todos lo lla­ma­ban don Pepe, era calvo, tenía la cara larga, gafas redon­das y enor­mes arru­gas en la frente. La tisis se había lle­vado joven a su pri­mera esposa y sus dos hijos mayo­res habían muerto tam­bién, uno por bol­che­vi­que y el otro por ladrón. Luego, por no que­darse solo, se había casado con su criada, que tenía veinte años menos que él. Seguir leyendo… (3075 palabras)



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El meteoro verde


El 9 de diciem­bre de 1917, el car­guero de vapor Clau­dio, de la Com­pa­ñía Naviera, que trans­por­taba fos­fa­tos de Tampa para la Fábrica Indus­tria y Comer­cio de Basurto, entró en el puerto de Bil­bao con gra­ves daños y varias bajas, que­dando ama­rrado en el mue­lle de Luchana.

Según los tri­pu­lan­tes, el car­guero fue inter­cep­tado por un sub­ma­rino ale­mán U3 a qui­nien­tas millas del Cabo de Finis­te­rre. El sub­ma­rino dis­paró el caño­nazo pro­to­co­la­rio para orde­nar la deten­ción del buque pero, al no reac­cio­nar este, abrió fuego otras siete veces, cau­sán­dole gran­des des­tro­zos en la obra muerta. Dos maqui­nis­tas y varios mari­ne­ros, temiendo que el Clau­dio se fuera a pique, se arro­ja­ron al mar. Ocho de ellos des­a­pa­re­cie­ron en las frías aguas del Atlán­tico. Seguir leyendo… (2648 palabras)



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El torero


El torero entró corriendo en la plaza. Tras él, relu­ciente a la luz de la noche, un toro de tamaño impo­si­ble hizo añi­cos la puerta grande y la atra­vesó hin­chán­dose y des­hin­chán­dose como una bota llena de vino.

Tres pica­do­res sin ros­tro con ins­tru­men­tos de orquesta acom­pa­ña­ban la escena para­dos cerca de las barre­ras. El aliento de los caba­llos res­plan­de­cía con la apa­rien­cia humeante de un cri­sol de hie­rro colado.

El torero se diri­gió hacia el cen­tro del albero. Las cen­te­llas del traje de luces pare­cían esti­rarse como hilos de araña que lo rete­nían con­tra su volun­tad. El toro se lanzó hacia él. A pesar del esfuerzo deno­dado del torero, cada zan­cada del toro reco­rría veinte de sus pasos.

La som­bra oscura como un tren de mer­can­cías cre­ció a su espalda y, cuando le alcanzó, le vol­teó por los aires con vio­len­cia. El torero reco­rrió la otra mitad de la plaza sin tocar el suelo.

En vez de que­dar aplas­tado con­tra la grada, la atra­vesó y ate­rrizó sobre hierba caliente. Seguir leyendo… (1170 palabras)