El premio de lotería
Era un día gris y la ciudad estaba vacía y empapada. Tres operarios y una máquina trabajaban lentamente bajo la lluvia, derribando la antigua sede de un grupo financiero. Un perro ciego hurgaba junto a la valla con manía compulsiva. El rascacielos era la única estructura que seguía en pie en el barrio. El aire parecía haberse abierto paso a la fuerza a través del cemento, aplastando los edificios como burbujas en un plástico de relleno.
Nadie echaba de menos lo que se había perdido. La ciudad había salido hacía tiempo de los pensamientos de la gente. Si acaso quedaba algo que valiera la pena mencionar, sin duda alguna era la inusitada transformación que había experimentado el señor S., el cual, despojado de toda aptitud para la interacción social, había quedado reducido a un esquemático conjunto de palancas y engranajes accionados por la fuerza mecánica de la rutina.
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13/08/2010. 37 vistas. 2874 palabras. Etiquetas: