Tag: Flash Fiction

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Petróleo


El sol caía como ácido de bate­rías hir­viente sobre las sali­nas y que­bra­das pla­ni­cies del fondo del Golfo de México. El señor Never­worth estaba sen­tado bajo una som­bri­lla en su silla de rue­das. El asmá­tico fue­lle de una bomba cir­cu­laba agua fría por el inte­rior de sus ropas de pros­pec­tor deci­mo­nó­nico. Cada vez que res­pi­raba aquel aire cáus­tico, inten­taba cal­cu­lar en cuánto se había acor­tado la vida útil de sus pul­mo­nes de plástico.

Aun­que sus ropas ocul­ta­ban las cos­tu­ras, el señor Never­worth estaba rehe­cho a base de par­ches y remien­dos. Pul­mo­nes, hígado, riño­nes, hue­sos, cora­zón, estó­mago, intes­tino, médula, múscu­los, prós­tata, piel, etcé­tera. Podría haber lle­vado una vida larga sin nece­si­dad de toda aque­lla para­fer­na­lia, pero tenía un motivo de peso: el señor Never­worth siem­pre se había con­si­de­rado mere­ce­dor de un pasaje a Marte. Y, con­forme las opor­tu­ni­da­des iban pasando, su cre­ciente inquie­tud le había lle­vado a tra­tar de mejo­rar a cual­quier pre­cio sus con­di­cio­nes físi­cas. Seguir leyendo… (2086 palabras)



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El torero


El torero entró corriendo en la plaza. Tras él, relu­ciente a la luz de la noche, un toro de tamaño impo­si­ble hizo añi­cos la puerta grande y la atra­vesó hin­chán­dose y des­hin­chán­dose como una bota llena de vino.

Tres pica­do­res sin ros­tro con ins­tru­men­tos de orquesta acom­pa­ña­ban la escena para­dos cerca de las barre­ras. El aliento de los caba­llos res­plan­de­cía con la apa­rien­cia humeante de un cri­sol de hie­rro colado.

El torero se diri­gió hacia el cen­tro del albero. Las cen­te­llas del traje de luces pare­cían esti­rarse como hilos de araña que lo rete­nían con­tra su volun­tad. El toro se lanzó hacia él. A pesar del esfuerzo deno­dado del torero, cada zan­cada del toro reco­rría veinte de sus pasos.

La som­bra oscura como un tren de mer­can­cías cre­ció a su espalda y, cuando le alcanzó, le vol­teó por los aires con vio­len­cia. El torero reco­rrió la otra mitad de la plaza sin tocar el suelo.

En vez de que­dar aplas­tado con­tra la grada, la atra­vesó y ate­rrizó sobre hierba caliente. Seguir leyendo… (1170 palabras)