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La historia de Masayuki Yamagiwa y la Torre de Tokio


El 5 de febrero de 2002, Masa­yuki Yama­giwa, un caza­ta­len­tos del mundo de la música que dos años antes había dejado su tra­bajo en Pony Can­yon, rom­pió una esta­dís­tica que per­ma­ne­cía intacta desde hacía cua­renta y cua­tro años. Ese día, a última hora, Yama­giwa entró en la Torre de Tokio como un turista más, se escon­dió en los cuar­tos de baño del pri­mer mira­dor y esperó en silen­cio a que todo el mundo se marchara.

Ya caída la noche, en el mira­dor cerrado y com­ple­ta­mente desierto, tomó una pape­lera de acero y la usó para reven­tar una de las ven­ta­nas, situa­das a ciento cin­cuenta metros de altura. Yama­giwa había dejado su com­pa­ñía des­pués de que le tras­la­da­ran a un puesto en el depar­ta­mento de ven­tas en el que no se sen­tía satis­fe­cho. Tras irse, sus esca­sos recur­sos ape­nas le per­mi­tían seguir yendo a ver a los nue­vos talen­tos. Quizá toda­vía soñaba con encon­trar a la pró­xima estre­lla del país.

Cuando se lanzó al vacío, entre el pai­saje bri­llante de Tokio, se con­vir­tió en el pri­mero en qui­tarse la vida sal­tando desde la Torre. Uno de sus mejo­res ami­gos, el músico Michi­nori Toyoda, defi­ni­ría más tarde aquel acto como un sím­bolo de la gente de su edad que no con­si­gue tra­bajo y tam­bién, en cierto modo, como una forma de arte Pop.