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	<title>Fran Ontanaya &#187; literatura</title>
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		<title>Moscow Out: Poetry and Literature [ENG]</title>
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		<pubDate>Sat, 03 Sep 2011 20:51:16 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Fran Ontanaya</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Un interesante reportaje del canal de noticias internacional RT sobre localizaciones literarias en Moscú.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Un interesante reportaje del canal de noticias internacional RT sobre localizaciones literarias en Moscú.</p>
<figure class="aligncenter">
<iframe width="480" height="390" src="http://www.youtube.com/embed/Epx8226yoMg" frameborder="0" allowfullscreen></iframe><br />
</figure>
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		<title>Los libros son artefactos sociales</title>
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		<pubDate>Tue, 05 Jul 2011 22:17:34 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Fran Ontanaya</dc:creator>
				<category><![CDATA[Artículos]]></category>
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		<description><![CDATA[Cuando contemplo un cuadro renacentista en el que el pintor exhibe su dominio sobre la perspectiva, me produce una sensación conflictiva. La consciencia de la técnica en el arte demuestra la ambición del creador por comprender y dominar su creación. Por otro lado, la idea de que un cierto tipo de perfección formal es clave para la perfección como arte no coincide con nuestras experiencias cotidianas. Una de las dificultades en el proceso de entender el texto literario es la idea de que, siguiendo unos pasos definidos, se llega siempre a una obra virtualmente perfecta. Que el éxito de un [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Cuando contemplo un cuadro renacentista en el que el pintor exhibe su dominio sobre la perspectiva, me produce una sensación conflictiva. La consciencia de la técnica en el arte demuestra la ambición del creador por comprender y dominar su creación. Por otro lado, la idea de que un cierto tipo de perfección formal es clave para la perfección como arte no coincide con nuestras experiencias cotidianas.</p>
<figure>
<img src="http://www.franontanaya.com/wp-content/uploads/2011/07/800px-Piero_della_Francesca_042_Flagellation-512x364.jpg" alt="" title="800px-Piero_della_Francesca_042_Flagellation" width="512" height="364" class="aligncenter size-large wp-image-5382" /><br />
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<p>Una de las dificultades en el proceso de entender el texto literario es la idea de que, siguiendo unos pasos definidos, se llega siempre a una obra virtualmente perfecta. Que el éxito de un texto literario depende de forma sustancial de que esté dividido en cierto número de actos, con cierto número de puntos de giro, cierto orden de subtramas y ciertos patrones retóricos.</p>
<p>Es verdad que no se puede construir una buena obra sin cierto orden, como no se puede construir una buena casa sin un plano. Pero, de cara al usuario, el objetivo del plano solo es eliminar obstáculos, quitar de enmedio cualquier cuello de botella o corredor ciego que no sirvan para nuestro propósito. Trazar planos de nuestras obras es, pues, una disciplina básica que todavía nos deja muy lejos de responder cómo insertamos nuestra creación en el centro de la vida cultural.</p>
<p>Un libro que está en uso es un artefacto social. La difusión de su contenido está condicionada por su capacidad para convertirse en una expresión del propio lector. A veces los libros son la herramienta para el folklore de grupo, la conciencia de clase, el monólogo solipsista, o la discusión con un foro imaginario. Adoptamos el libro después de haber observado su capacidad expresiva porque ansiamos hacerla también nuestra, usarla para unirnos a una conversación. </p>
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<img src="http://www.franontanaya.com/wp-content/uploads/2011/07/Japan_Bookstore-512x384.jpg" alt="" title="Japan_Bookstore" width="512" height="384" class="aligncenter size-large wp-image-5386" /></p>
<figcaption>
Foto: «Japan Bookstore» por <a href="http://flickr.com/photos/84668390@N00">Bobby</a>, Licencia: <a href="http://creativecommons.org/licenses/by/2.0/deed.en">CC-By</a> — 6/5/2008<br />
</figcaption>
</figure>
<p>Podríamos entender el libro como una versión extendida de un neologismo. Una palabra nueva que no hace referencia tanto a un objeto concreto como a una serie de valores abstractos y situaciones genéricas. Algunas de las ideas representadas por un libro son tan simples como la demostración del tipo de librerías que se frecuentan. </p>
<p>El orden interno del libro no resuelve, ni pretende resolver, el problema de cómo puede el autor convertirlo con éxito en un artefacto social. El motivo por el que el autor persigue un cierto orden es, de hecho, independiente de esta cuestión. Si se busca una organización más estricta será para facilitar el proceso de creación y para repartir de forma más óptima los recursos propios de la obra. Un mecanismo mejor diseñado puede ayudar a realizar mejor una función… o no. Es obvio que algunas funciones no tienen unos requisitos especiales.</p>
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<img src="http://www.franontanaya.com/wp-content/uploads/2011/07/800px-Shire_horses_ploughing-512x343.jpg" alt="" title="800px-Shire_horses_ploughing" width="512" height="343" class="aligncenter size-large wp-image-5383" /><br />
</figure>
<p>El mayor reto para los creadores implicados en la producción de un libro, pues, es identificar esas necesidades de expresión y añadirlas al texto para que sirvan como puntos de anclaje. Queremos que el lector haga suyo nuestro libro, que lo incluya en su lenguaje expresivo, para que así se difunda como se difunde cualquier otro aspecto de la cultura popular.</p>
<p>Sin embargo, el autor a menudo también aspira a cierta permanencia. Hay neologismos que aparecen y desaparecen con rapidez; tan rápido como se difunden son sustituidos por otro símbolo diferente. A veces los libros no tienen un arranque fulgurante, por lo que necesitan cierta capacidad de seguir conectando con los lectores pese al transcurso del tiempo.</p>
<p>Por lo tanto, para avanzar aún más en la función de nuestra obra como artefacto social, no solo tenemos que separar el mecanismo de la función, sino también la función de la presentación. La cultura toma distintas formas a lo largo del tiempo, pero, siendo la condición humana más o menos invariable, atiende a necesidades bastante parecidas. Por eso interesa que esos puntos del anclaje que le ofrecemos al lector (esas experiencias con las que se puede identificar) conserven una cierta esencia universal, independientemente de la apariencia que tomen en nuestra historia.</p>
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<img src="http://www.franontanaya.com/wp-content/uploads/2011/07/800px-Masks6111-512x341.jpg" alt="" title="800px-Masks6111" width="512" height="341" class="aligncenter size-large wp-image-5394" /><br />
</figure>
<p>Muchas veces es fácil dar por descontados estos puntos de anclaje porque se refieren a situaciones, emociones, gestos demasiado cotidianos. Pensamos, con cierto sentido, que nuestra obra literaria debe destilar y condensar lo más fundamental de la realidad. Esa es una de las principales razones por las que consideramos importantes los libros.</p>
<p>Sin embargo, en tanto no estemos escribiendo un manual técnico, todo libro es una adaptación de esos fundamentales a la cultura del lector. Ponemos el contenido en un contexto para que sirva de vehículo para el mensaje. Sin él, nuestro libro es un mero ejercicio teórico relevante solo en un ámbito no literario. Si no definimos intencionadamente ese contexto, es probable que terminemos usando por costumbre el del propio género literario, el cual, al ser puramente derivativo, es fácil que le resulte ajeno a los usuarios de nuestro libro. </p>
<p>La conclusión es que ni el orden interno ni la apariencia, por mucho que se puedan observar, analizar y reproducir, son decisivos para determinar el papel que va a jugar la obra. Influyen en factores accesorios como la accesibilidad o la unidad estética, pero no generan por sí mismos un fenómeno social. El autor cometería un error si les otorgara demasiada importancia y pasara por alto las verdaderas funciones que la cultura atribuye a una pieza de arte.</p>
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		<title>Contra el estilo oficial</title>
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		<pubDate>Fri, 22 Apr 2011 09:59:22 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Fran Ontanaya</dc:creator>
				<category><![CDATA[Artículos]]></category>
		<category><![CDATA[cultura]]></category>
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		<description><![CDATA[Estos días se habla mucho del futuro del libro impreso, del futuro de las librerías y del futuro de los editores. Sin embargo, en el gran esquema de las cosas, esas discusiones sólo estudian un fenómeno transitorio. Los libros, que son la parte esencial, seguirán existiendo con o sin papel, con o sin librerías, con o sin editores. Lo que a uno más le preocupa es el futuro de la literatura en sí, la motivación, proceso y relevancia del acto literario. El libro no va a desaparecer, pero, ¿y si no sabemos con qué llenarlo? Digo preocupar en un sentido [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Estos días se habla mucho del futuro del libro impreso, del futuro de las librerías y del futuro de los editores. Sin embargo, en el gran esquema de las cosas, esas discusiones sólo estudian un fenómeno transitorio. Los libros, que son la parte esencial, seguirán existiendo con o sin papel, con o sin librerías, con o sin editores.</p>
<p>Lo que a uno más le preocupa es el futuro de la literatura en sí, la motivación, proceso y relevancia del acto literario. El libro no va a desaparecer, pero, ¿y si no sabemos con qué llenarlo?</p>
<p>Digo preocupar en un sentido positivo. Todo lo que sea afrontar desafíos que no habíamos encontrado hasta ahora es una oportunidad para avanzar en la «tecnología» de la escritura. Por lo tanto, la literatura de la Revolución Digital merece atención por su propio potencial, más allá de que sacuda o no algunos cimientos.</p>
<p>Partamos del hecho de que la expresión literaria no es inmune a la obsolescencia (quien diga lo contrario es, simplemente, un ignorante). Los genios más alabados casi siempre declararon obsoleta alguna forma literaria anterior y procedieron a sustituirla. Algunas formas, como el romance de caballerías, están fuera de circulación. Otras, como la literatura de «estilo oficial», deberían estarlo.<span id="more-5269"></span></p>
<p>¿Qué es el estilo oficial? El estilo oficial es el que imita el discurso socio-político-cultural del régimen, tendencia, clase o grupo al que se sirve o se pertenece. La imitación en este caso es más importante que las motivaciones propias, incluso cuando coincidan con las que dieron lugar a la forma imitada. </p>
<p>En el pasado esta servidumbre era evidente: o respetabas la imagen de marca de las autoridades o escribías desde una celda. En las últimas decadas, a raíz, entre otras cosas, del movimiento posmoderno, se solía decir que los estilos oficiales habían sido derribados por una literatura más rica en contrastes y referencias pop.</p>
<p>Esto era cierto… al principio. Las referencias pop y los movimientos deconstructivos de los 60 y 70 ciertamente no tenían ningún vínculo con la oficialidad. Los nuevos temas y motivos le habrían parecido una solemne tontería a los editores de una generación anterior. Eventualmente, sin embargo, muchas de esas formas han sido asimiladas y han pasado a formar parte del nuevo estilo oficial, ya sea en forma de romances populares derivativos que el público debe consumir a sabiendas de que ya no tienen nada de proto-cultural, o imitaciones de la apariencia exterior de obras posmodernas que pasaron hace tiempo a ser estandartes para la industria, la academia y los autores militantes de una u otra oficialidad.</p>
<p>La principal amenaza para la industria cultural en España no es, por eso, la transición digital o la piratería. El problema es que, entre unas cosas y otras, la sociedad se ha acordado de que ya no se fia del estilo oficial (no desde que las bibliotecas de barrio y la red están repletas de contraejemplos). Y aunque las editoriales y las librerías «piensan» que lo que están vendiendo todavía es posmoderno, pop y revolucionario (¡tiene la misma pinta!), el público se va dando cuenta de que esa proto-cultura ya fue picada, esterilizada con amoniaco y refrita en viejo aceite.</p>
<p>Muchos de los nuevos principios que evolucionaron la literatura en el siglo pasado son tan definitivos como los cambios sociales que representan, como la conciencia de la diversidad de culturas e ideas presentes en cualquier lugar y en cualquier momento. Pero poco más lo es; ni el lenguaje, las referencias, los personajes, los contextos o las ideas están a salvo de convertirse en una curiosidad arqueológica. Cualquier obra que se <em>parezca</em> demasiado a algo que podría haber sido escrito hace una generación probablemente sea una imitación sin alma que no tiene relevancia para las inquietudes actuales de los lectores.</p>
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