Estás viendo una entrada al azar. La URL no era válida o el contenido ya no está disponible.

6

Sobre el significado del 15M


Se habla estos días de Indig­na­dos como un movi­miento que empezó el 15M, como si se tra­tara de una ocu­rren­cia repen­tina de un puñado de inter­nau­tas. Per­mi­tidme corre­gir eso.

La indig­na­ción empieza hace una década, cuando cha­va­les aún en secun­da­ria que empe­za­ban a pen­sar en su futuro se ven obli­ga­dos a ir fami­lia­ri­zán­dose con los con­cep­tos de Pre­ca­rie­dad y Empresa de Tra­bajo Tem­po­ral. Cha­va­les que tie­nen que ele­gir entre aban­do­nar todo inte­rés voca­cio­nal e irse a la obra, igno­rar el estigma ibé­rico de la for­ma­ción pro­fe­sio­nal, o meterse en una carrera apolillada.

Durante los siguien­tes años esa indig­na­ción per­ma­ne­ció latente, en parte por la bur­buja inmo­bi­lia­ria y en parte por la difi­cul­tad de creer que la pre­ca­rie­dad no fuera, en efecto, una fase tem­po­ral. Por el con­tra­rio, la pre­ca­rie­dad o, lo que es lo mismo, el des­pla­za­miento de todo el riesgo eco­nó­mico al empleado o pro­fe­sio­nal, se con­vir­tió en el nuevo estado por defecto para gene­ra­cio­nes y sec­to­res ente­ros. De forma simi­lar a los pro­duc­tos cre­di­ti­cios que han cau­sado la cri­sis, a los pre­ca­ria­dos se les agrega y revende en paque­tes secu­ri­ti­za­dos sin aten­ción alguna a la cali­dad de los empleos que for­man el paquete.

Entre tanto, los polí­ti­cos de ambos ban­dos se preo­cu­pan más por entrar en los clu­bes exclu­si­vos de EEUU y Europa que por medir la sos­te­ni­bi­li­dad del modelo eco­nó­mico y de empleo que esta­ban usando para cata­pul­tar su ima­gen per­so­nal. Esa indig­na­ción se mani­fiesta en las movi­li­za­cio­nes con­tra gue­rras maquia­vé­li­cas y con­tra refor­mas edu­ca­ti­vas que no ata­jan real­mente los pro­ble­mas del sis­tema de acceso al tra­bajo y la inves­ti­ga­ción del que for­man parte.

En ese con­texto, la ley Sinde se con­vierte en un sím­bolo de esas prio­ri­da­des equi­vo­ca­das, de esa acti­tud de ais­lar la esfera de nego­cios de la reali­dad de las gene­ra­cio­nes «sin» y, lo que es peor, de una cre­ciente cri­mi­na­li­za­ción del joven pre­ca­rio acu­sán­dole de toda una serie de males, desde el paro, el alcoho­lismo y las hipo­te­cas impo­si­bles de pagar a la misma corrup­ción polí­tica, por­que no van a votar o por­que votan al «otro».

Así, mien­tras en Oriente Medio y en el norte de África tiene lugar el acon­te­ci­miento más impor­tante desde la Segunda Gue­rra Mun­dial, enca­be­zado por indi­vi­duos en una situa­ción simi­lar e infor­ma­dos sobre la capa­ci­dad de los nue­vos medios, las nue­vas tec­no­lo­gías y los nue­vos cono­ci­mien­tos, en España tene­mos focos de opi­nión y deci­sión que, sin ser capa­ces toda­vía de pro­nun­ciar “hash­tag” o “Face­book” sin que se les trabe la len­gua, insis­ten en negar cual­quier nece­si­dad de moder­ni­zar la demo­cra­cia, las rela­cio­nes labo­ra­les y la pro­vi­sión de dere­chos cons­ti­tu­cio­na­les como la vivienda o la educación.

Esta mez­cla de papa­na­tismo e inmo­vi­lismo es la que, tras varios ensa­yos durante el último medio año, ter­mina abo­cando en el 15M y en el uso por parte de esta gene­ra­ción (en el sen­tido más amplio de la pala­bra) de su capa­ci­dad para pro­yec­tar de forma inter-política e inter­na­cio­nal lo que en otro tiempo habría sido un asunto local y fuer­te­mente poli­ti­zado. Las mis­mas figu­ras que explo­ta­ron el boom para pro­yec­tarse en el exte­rior ven ahora que los pre­ca­ria­dos son quie­nes tie­nen el con­trol de esa ima­gen y, en defi­ni­tiva, de la per­te­nen­cia o no del país a la moder­ni­dad social y eco­nó­mica a ojos del resto del mundo.