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Teaser del próximo relato


Mi pró­ximo relato se titula “El jabón del Club Bil­der­berg” y está com­pro­me­tido para la anto­lo­gía “Per­ver­sio­nes: Mis­te­rios sin resol­ver”. Se trata de una anto­lo­gía de unos treinta auto­res, orga­ni­zada en los foros de Sedice.com y auto­edi­tada mien­tras nadie diga lo con­tra­rio. Las anto­lo­gías “Per­ver­sio­nes” toman his­to­rias de la cul­tura popu­lar y les dan un giro diferente.

El jabón del Club Bilderberg

1.

Lio Ekans era sin duda el empleado más obs­curo y enig­má­tico de Lever Brot­hers, fabri­can­tes de jabón entre 1885 y 1930. En docu­men­tos que nadie se acor­daba de mirar figu­raba como agente comer­cial; es decir, su tra­bajo con­sis­tía en cap­tar nue­vos clien­tes yendo de puerta en puerta con su male­tín lleno de jabo­nes. El hecho de que pasara tanto tiempo en la calle con­tri­buía a que nin­guno de sus supe­rio­res tuviera opor­tu­ni­dad de cru­zarse en su camino. Si lo hubie­ran hecho, aun­que fuera solo una vez, nunca se habrían olvi­dado de este extraño sujeto, pues Mr. Ekans, cuyo ori­gen era igual­mente des­co­no­cido, tenía unas pre­fe­ren­cias estram­bó­ti­cas a la hora de ves­tir: las cha­que­tas lar­gas bor­da­das de len­te­jue­las e hilos meta­li­za­dos, el osten­toso sobrero de copa y los exó­ti­cos que­ve­dos de cris­tal ahu­mado le daban un cierto aire de maes­tro de cere­mo­nias cir­cense, muy dis­tante del estilo sobrio del pro­mo­tor de los peque­ños lujos de la era moderna que corres­pon­día a su nego­cio y periodo histórico.

Cuando todas las empre­sas del impe­rio William Lever se con­cen­tra­ron en una sola marca, Uni­le­ver, en 1930, los res­pon­sa­bles que habían tra­ba­jado con Mr. Ekans le per­die­ron la pista. Sus resul­ta­dos apa­re­cían en la con­ta­bi­li­dad, año tras año, pero nadie recor­daba haberle dado una sola ins­truc­ción o haber redac­tado los tér­mi­nos de sus suce­si­vos contratos.

El 29 de mayo de 1954 se dio aper­tura a la pri­mera reunión del Club Bil­der­berg, ins­pi­rado por el polí­tico polaco Józef Retin­ger, el prin­cipe Bern­hard de los Paí­ses Bajos, el pri­mer minis­tro belga Paul Van Zee­land y el direc­tor de Uni­le­ver Paul Rij­kens. El último hom­bre en cru­zar la alfom­bra del hotel fue el mismo Mr. Ekans, cuyo nom­bre se había colado de algún modo en la lista de invitados.

La redac­ción de los rela­tos ter­mina el pri­mero de marzo. A par­tir de esa fecha empe­za­rán las tareas de edición.